Es una película para los autores y para los que alguna vez soñamos con serlo....Y para los que a veces nos sentimos personaje de un sádico titiritero que nos lleva directo a una muerte cuidadosamente diseñada, o eso esperamos.
Es sorpresiva de principio a fin aunque sepamos siempre de qué se trata y su seguro final, pero es de las películas que mueven la fibra de cualquier escritor. Al mejor estilo de Nivola de Unamuno, en esta película el personaje Harold Crick (personaje por partida doble siéndolo de la película y de una novela), totalmente estructurado, metódico y cuadrado, interpretado por Will Ferrel (quien francamente me sorprendió como actor en este filme), comienza a darse cuenta de que su "consciencia" es más que eso y más bien es "alguien" que está narrándole su vida, como una gran voz que va marcando sus pasos. Se rebela contra ello y comienza desesperadamente a buscar el origen de esa voz.
Paralelamente está la escritora de Best Sellers, Karen Eiffel, interpretada por una siempre magnífica Emma Tompson, quien lleva más de diez años haciendo el que, se cree, será el mejor éxito de su carrera.... pero la falta de inspiración, la apatía general a la vida, la melancolía que la rodea, ese no sé qué que nos pasa a veces cuando escribimos pero nos detiene, la ha embargado y no encuentra final para su personaje principal, su muerte perfecta, tomando en cuenta que en todos sus éxitos anteriores su protagonista muere.
Encontramos un Dustin Hoffman sin pretensiones, encarnando a un profesor de literatura, que interpreta su rol como personaje secundario sin comerse la trama (con mucha más discreción y elegancia que en El Perfume) pero con la maestría de un consagrado actor quien tampoco desconoce la importancia de su personaje como nexo fundamental entre escritora-personaje dándole también un toque de humor y algo de bizarro a la película, cosas fundamentales para que el espectador no se sienta ahogado durante toda la trama.
Queen Latifa no hace más que otro personaje de gran mujer de carácter indomable que es impulso de la escritora, en teoría, pero no termina siendo más que lo de siempre: la gran negrota mandona tipo "tomááá" de Tom y Jerry. Caractarización que hace siempre y de la cual parece no poder deslindarse. Era un personaje que podría haber sido mucho más importante en la trama pero, a mi parecer, para ser interpretado por otra actriz que supiera más qué hacer con él, como en el caso de Dustin Hoffman.
En fin, la película es una carrera contra la muerte, contra la vida, contra la desidia, inspiradora como pocas para quienes alguna vez practicamos las letras y para quienes alguna vez desistimos de ir caminando por un sendero marcado por un destino irrevocable. Imperdible para toda alma sensible y todo cerebro incansable.
A.





1 comentario:
¡Qué lento es el e-mule!
Ya te contaré.
Publicar un comentario