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martes, 22 de abril de 2008

Crónicas de la Ciudad de la Furia IX. Baires ¿al horno o ahumada?

Humito a tres cuadras de mi casa, en Plaza Italia

Los argentinos suelen usar una frase que siempre me ha causado mucha gracia: estamos al horno; que viene a significar algo así como estamos jodidos, o estamos fritos, para usar los mismos términos culinarios.

Pero durante casi 15 días esto de que “estamos al horno” ha sido algo más que adecuado, parece una ironía del destino desde que a algún “che” de estos se le ocurrió la genialísima idea de prenderle fuego a un pastizal, luego a otro, luego a otro y luego AHUMAR TODO BUENOS AIRES… y sí, es así, en el mes de la tierra, sin exageraciones típicas de un maracucho o un cordobés, literalmente hemos estado ahumados porque los vientos, preciosísimos ellos, en un hermosísimo complot con los inteligentísimos y bien intencionadísimos incendiarios, jugaron a la cocinita y bañaron a casi toda la Provincia de Buenos Aires (dije Provincia, no ciudad, o sea, un Estado, tómese en cuenta la cantidad de humo) de una maravillosa niebla artificial que de rocío lo que tenía era de vez en cuando alguna cenicita como si de un volcán en plena erupción se tratara y lo tuviéramos no a cientos de kilómetros (como los pastizales) sino ahí, a pata e’mingo.

El detallito es que además de todo la temperatura subió y ha empezado el porteño a ahogarse en su ciudad y, paradójicamente, a encerrarse en su casa para tener “aire fresco”, o sea, literalmente estamos al horno en casa, tapando cuanto hueco haya con algún trapito o periódico o lo que sea, apuntando ventiladores a ventanas y puertas y con el consejo televisivo de “no hacer ejercicios físicos y no salir de casa si no es necesario”, oséase: vegete mijo, vegete bastante y ni siquiera se le ocurra echarse un “polvete” con la pareja, no sea que se nos ahogue y ya los hospitales no están para nebulizarlo por no aguantarse sus hormonas en una emergencia nacional…

Ah, porque, de nuevo sin exageraciones, por lo menos no mías, el humito se convirtió en emergencia nacional, algo catalogado “Alerta Amarilla” porque según al gracioso Eolo le dé por soplar se nos ahúma alguna ciudad diferente; por ejemplo, hoy no estaba ahumada Baires, estaba en la bella nebulosa Rosario, con Fito ahogadito sin poder pegar sus lecos porque el viento se fue pa’llá y ahí fue a parar la gracia de los pirómanos. Eso sin contar que las “rutas” (carreteras) gracias a la “niebla artificial” se convirtieron en una hermosa rampa derechito al cielo o al infierno, según se vea, para el que se le ocurriera manejar por ellas sin ver nada; y es que si le sumamos la forma de manejar del argentino (tema meritorio de otra crónica) a una ceguera total de no ver a más de 5 metros y una alergia bonita de algún camionero hemos tenido como resultado cuatropotocientos choques múltiples, camiones ensartados unos en los otros, carritos hechos nada debajo de algún container y varios pibes menos en las estadísticas de vivos. Así que ¡cerremos carreteras! Y todo el mundo trancao pa´dentro y pa’fuera.

Hoy que ya supuestamente se apagaron los doscientos y pico de focos de fuego en los pastizales todo el mundo salió corriendo para la calle como si de la llegada del Ferri se tratara y bueno, ni modo, nos tocaba ver calle que ya el techito de casa y sin sexo era como mucho con demasiado. Pero nadie respire tranquilo que parece que Eolito tiene ganas de joder para este lado otra vez y mientras alérgicos y asmáticos aguántensela porque ¿qué le vamos a hacer? Por lo menos hasta el miércoles ¡Estamos al horno!

A.

Carreteras hacia Baires


La Cinta Indómita. Filmes que marcaron mi vida I. MÁS EXTRAÑO QUE LA FICCIÓN

Es una película para los autores y para los que alguna vez soñamos con serlo....

Y para los que a veces nos sentimos personaje de un sádico titiritero que nos lleva directo a una muerte cuidadosamente diseñada, o eso esperamos.

Es sorpresiva de principio a fin aunque sepamos siempre de qué se trata y su seguro final, pero es de las películas que mueven la fibra de cualquier escritor. Al mejor estilo de Nivola de Unamuno, en esta película el personaje Harold Crick (personaje por partida doble siéndolo de la película y de una novela), totalmente estructurado, metódico y cuadrado, interpretado por Will Ferrel (quien francamente me sorprendió como actor en este filme), comienza a darse cuenta de que su "consciencia" es más que eso y más bien es "alguien" que está narrándole su vida, como una gran voz que va marcando sus pasos. Se rebela contra ello y comienza desesperadamente a buscar el origen de esa voz.

Paralelamente está la escritora de Best Sellers, Karen Eiffel, interpretada por una siempre magnífica Emma Tompson, quien lleva más de diez años haciendo el que, se cree, será el mejor éxito de su carrera.... pero la falta de inspiración, la apatía general a la vida, la melancolía que la rodea, ese no sé qué que nos pasa a veces cuando escribimos pero nos detiene, la ha embargado y no encuentra final para su personaje principal, su muerte perfecta, tomando en cuenta que en todos sus éxitos anteriores su protagonista muere.

Encontramos un Dustin Hoffman sin pretensiones, encarnando a un profesor de literatura, que interpreta su rol como personaje secundario sin comerse la trama (con mucha más discreción y elegancia que en El Perfume) pero con la maestría de un consagrado actor quien tampoco desconoce la importancia de su personaje como nexo fundamental entre escritora-personaje dándole también un toque de humor y algo de bizarro a la película, cosas fundamentales para que el espectador no se sienta ahogado durante toda la trama.

Queen Latifa no hace más que otro personaje de gran mujer de carácter indomable que es impulso de la escritora, en teoría, pero no termina siendo más que lo de siempre: la gran negrota mandona tipo "tomááá" de Tom y Jerry. Caractarización que hace siempre y de la cual parece no poder deslindarse. Era un personaje que podría haber sido mucho más importante en la trama pero, a mi parecer, para ser interpretado por otra actriz que supiera más qué hacer con él, como en el caso de Dustin Hoffman.

En fin, la película es una carrera contra la muerte, contra la vida, contra la desidia, inspiradora como pocas para quienes alguna vez practicamos las letras y para quienes alguna vez desistimos de ir caminando por un sendero marcado por un destino irrevocable. Imperdible para toda alma sensible y todo cerebro incansable.

A.



jueves, 17 de abril de 2008

Mi extraña forma de pensar IV. De logros y avances

Foto tomada desde el avión




El texto siguiente lo escribí en el avión... no dice nada tal vez pero para mí es mucho y por eso lo publico tal cual, si edición y sin nueva lectura.



La última vez que escribí desde un avión no podía ni coordinar lo que escribía, es algo que incluso, jamás volví a leer…

Hoy, once años después de tantos miedos, de todo el pánico NO TENGO MIEDO… estoy a no sé cuántos pies de altura, estoy al lado de la ventana, estoy viendo las nubes, la tierra allá abajo, pequeña, “soy medio halcón” y me parece que todo lo chiquitito que está abajo me grita, me abraza, me fotografía una sensación de libertad que es imposible de describir…

Y tanto que lloré, y tanto que sufrí, y tanto que temblé… hoy se me mueve el avión y apenas un sobresalto, un miedo tenue, entender lo que me explicaron “turbulencia y el avión busca el vacío para no moverse más, para no ser vapuleado por los vientos”… entenderlo y llorar de nuevo, llorar porque el alivio es grande, porque los camiones también se mueven, porque el tren, el metro, el asfalto, mi cama, mi casa, mi silla y el departamento de al lado cuando algo martillan TAMBIÉN se mueven…

Respiro no para soportar el pánico, solamente respiro y cada bocanada de aire fuerte aspirado es un grito de alivio hacia adentro, un soporte a mí misma, un aplauso interno… vuelo, realmente hoy vuelo…

Siento la mano de todos aquellos que alguna vez me apretaron con fuerza la mía para soportar y soportarme, siento la angustia en los ojos de quienes me han amado y mis gracias vuelan al aire, mis disculpas miles por tanto sufrimiento propio que hice ajeno. Cada mirada a la ventanilla, cada ruido de avión que antes me asustaba, me los evoca con sus dulces palabras, con la comprensión de mi flaqueza, con el regazo que estuvo en momentos álgidos…

Hoy siento que he crecido, que una parte de mí se ha liberado, que sigue adelante mi evolución y mi destino… que los temores y los límites me llegaron al ocaso.

¡Qué alivio mi arcángel, qué alivio!

A.



Foto tomada desde el avión