Siempre termino complacida cuando cuento la historia de mi vida y veo los apasionados rostros de mis alumnos encantados por esa mujer que ni siquiera imaginan que soy yo misma. Sobre todo me gusta cuando veo su expresión de desilusión, pero prefiero que ellos piensen el final de la historia como les plazca, todos terminan pensando indudablemente que Marion y Dysan murieron y en cierto modo fue así.
Mmm cada vez que evoco esta historia no puedo evitar buscar el diario donde finalmente me decidí a escribir el increíble encuentro que tuvo lugar esa noche de mayo de 1776. Ese mi diario que ni siquiera ellos saben dónde oculto y al que regreso siempre para leer nuestros primeros fueros, nuestra primera batalla...
***
24 de mayo de 1896
Finalmente hoy, cien años después de mi "renacimiento", como me gusta llamarlo, me decido a escribir la historia de mi primer encuentro con Marion y Dysan, mis hermosos ángeles de muerte que me otorgaron el regalo de la verdadera vida.
Esa noche yo los esperaba ya preparada. Nunca imaginaron que había investigado lo suficiente como para saber con certeza que eran vampiros. Siempre supe del amor de Marion, el pobre cuando era humano no podía ocultarlo, pero era demasiado sumiso, demasiado débil para mis propósitos. Lo mejor que le pudo pasar fue la llegada de Dysan a su vida, gracias a eso ahora es un vampiro fascinante, como he conocido pocos, o mejor dicho, como ninguno que haya conocido en estos largos años; es el único que guarda lo mejor de los dos mundos, el mortal y el inmortal. Dysan supo escoger bien y entiendo perfectamente su amor y devoción por el dulce Marion.
Ahora somos tres extremos que conjugan perfectamente: el astuto y controlado Dysan Plump, el romántico y apasionado Marion Hansen y yo, la rara Sasha Dupont. Ellos nunca entendieron mi fuerza, pero mi aguante ante las muertes y las desgracias se debía única y exclusivamente a mi total ausencia de sentimientos, yo era algo así como una vampira mortal, consumía todo de todos a mi alrededor mientras me sirviera; lo que Dysan siempre le peleaba a Marion yo lo tenía ya en las venas y era ese absoluto desapego por la raza humana, aunque fuera una de ellos, a mi pesar... Pero encontré mi oportunidad al descubrirlos y no la iba a desaprovechar.
Esa noche los esperé en mi casa, como apuntaba anteriormente, preparada para ser vampirizada. Sabía que Marion no me mataría, de eso estaba totalmente segura, dudaba un poco de Dysan, se le notaba a leguas su amor por el "Dulce" (como aún hoy lo llamo) y tomando en cuenta eso hice lo posible para seducirlo sutilmente y asegurarme mi supervivencia por encima de sus evidentes celos. Cuando sentí que había conseguido mis objetivos, lo que me restó fue esperar ser poseída por ellos. Fue un momento increíble, intenso, duro, cruel y hermoso al mismo tiempo. En cierto modo tuve que dejarme manejar, lo cual me costaba tremendamente, además por su culpa no había podido consumar mi matrimonio y conservaba, para mi mal, mi virginidad intacta a mis 25 años, lo cual evidentemente poco le importaba al cruel Dysan...
Mmmm, está por llegar un francés al que hemos citado; hoy celebramos con "vino" nuestro primer centenario. Además es luna llena y no podemos dejar pasar el ritual privado de entregarnos en sangre, aunque dudo mucho que podamos repetir todas las sensaciones de hace 100 años... esa noche es irrepetible.
25 de mayo de 1876
Llegaron hermosamente trajeados, como si fueran a asistir a una gran boda. Marion llevaba una camisa blanca con volantes discretos, enmarcada por una chaqueta negra de cuello alto y una capa corta, también negra, de fino terciopelo, como se usaba en la época; sus pantalones estrechos se ajustaban a mitad de la pierna por unas botas altas de cuero. Su gallarda figura había adquirido proporciones y formas perfectas gracias a la sangre vampírica; sus ojos también habían cambiado notablemente, ya no eran simplemente verdosos sino que eran verdes como las hojas de mis plantaciones y tenían un brillo apenas comparable con su fina piel, ahora casi transparente, y el fulgor de su cabello castaño, largo hasta los hombros y que, para la ocasión, llevaba atado en una coleta con un fino lazo blanco de seda.
Dysan siempre se asemejó a un querubín mal caído en la tierra, de cabello ensortijado amarillo, finas y duras facciones marcaban su rostro de eterna expresión traviesa y sus ojos violetas eran y son el delirio de todos cuantos los observan. Esa noche llegó trajeado de un desusado color crema y sé que la única razón por la que su capa fuera de terciopelo vino tinto era que sabía que se trataba de mi color favorito. Siempre elegante en sus formas, no abandonaba el uso de un sombrero perfectamente combinado, con copa alta y ala corta, que coronaba la caída de sus bucles dorados de manera hermosa.
Cuando mi criada de cabecera me informó que tenía la "visita" de los "señoritos" Hansen y Plump supe que había llegado el momento y me dispuse a vestir el traje que había mandado a confeccionar para la ocasión, de color vino tinto, por supuesto, cosa que siempre horrorizaba a la comarca entera, pero éste era mucho más atrevido que los ya atrevidos que siempre usaba: un amplio escote redondo dejaba ver la línea de mis senos que se marcaba con más ahínco gracias al corsé que mi esclava apretaba sin compasión atendiendo a mis propias órdenes. Carecía totalmente de mangas y apenas se ataba a los hombros con el fino encaje que subía desde el escote y terminaba en dos finas florecillas blancas que descansaban sobre las clavículas. La falda, acampanada como tulipán girado por causa del pesado armador que se usaba en esos tiempos, estaba bañada por líneas del mismo encaje que caían radialmente y llevaban esas mismas florecillas de mis hombros, todo terminando en un vuelo blanco que sobresalía bajo la falda pero no evitaba que mostrara mis tobillos y mis pies, casi totalmente desnudos, calzados por unos zapatos forrados con la misma seda blanca del encaje. Até mi cabello azabache en un fino moño alto que dejara ver mi cuello y la parte que de mi espalda quedaba a la vista.
Noté complacida la preocupación de la esclava a que yo me mostrara así ante tan finos señores; esa era mi intención, impactar, como siempre, pero esta vez en demasía. Incluso decliné a su discreta oferta de colocarme un chal que me cubriera un poco y que para aquella época todas las mujeres llevaban casi sin excepción. Le ordené luego que mandara a sacar a todos los esclavos de casa y que se encargara de evitar que mis padres me requirieran de alguna forma, que la reunión con los señoritos era sumamente importante para la plantación y no admitía interrupción alguna. A veces extraño la sumisión de los esclavos que todo lo hacían sin preguntar ni pedir explicaciones, hoy en día hay que prácticamente rogar para que algún empleado del hogar cumpla las órdenes, menos mal que ser vampiro te da tantas ventajas y no hay sindicato que pueda contra nuestras dotes de dominación y seducción.
En fin, la noche del 24 de mayo de hace 100 años sigue instalada en mi memoria como si de ayer se tratase y es que fue el momento que Sasha Dupont Baros fue hecha mujer para luego ser convertida en vampira.
Pero ahora debo detenerme, la historia de nuestro encuentro no debe robarme los espacios que aún comparto con ellos, además si me extiendo a vivir ese 24 de mayo de un tirón puedo ponerme sentimental y todavía hoy odio cuando me invade esa sensación, yo nunca me dejé ser una vampira "menor"...
26 de mayo de 1876
Desde el mismo momento que nuestras miradas se encontraron al bajar las amplias escaleras de "Or Blanc", mi hacienda, los tres supimos que no había nada oculto ya y sabíamos perfectamente a lo que nos enfrentábamos. Recuerdo la amplia sonrisa de Dysan y la reverencia que me propinó quitándose el sombrero; Marion, al pie de las escaleras, me extendió su mano y la tomé para seguirlo al amplio salón, donde comenzó el juego.
Su belleza me tenía absolutamente fascinada, pero a pesar de todo tenía muy claro mi objetivo; como dije, había investigado y había observado como todos los mortales terminaban cayendo absortos y aletargados a sus sonrisas y ese extraño poder que emanaban, pronto me di cuenta de que ese poder estaba ligado a los sentimientos humanos y supe que sólo se trataba de no dejarse amarlos ante su espectacular visión, lo cual dejaba un punto a mi favor; pero no podía dejarles notar mi conclusión, debían pensar que me dominaban, sobre todo Dysan que, callado y atento, me observaba fijamente.
Les ofrecería vino, pero sabemos que es totalmente ridículo- solté sabedora de que eso los descalabraría.
Yo sí aceptaré. ¿Eres francesa verdad?- dijo Dysan, dibujando una sonrisa ladeada que ocasionó un respingo y un ligero cambio de expresión en Marion.
Sí, nací en Francia y luego vinimos a esta colonia aprovechando la oportunidad que estas tierras dan al Reino, sé que tienes predilección por los franceses puros, pero me refiero al vino de mis bodegas – Marion recuperó la sonrisa.
Yo también irreverente dama, pero no te haré la humillación de servirme, me he dado cuenta de que has sacado a todos tus esclavos y por lo pronto no me apetece tomar nada de tus venas – Y observando a Marion- es a él a quien le apetece desde hace ya un buen tiempo.
Su ataque directo y su belleza me poseían por más que intentaba controlarme, en un impulso me acerqué a él e intenté acariciarle la mejilla –Eres hermoso- susurré; pero él apartó su rostro de mi mano y dijo con un dejo de sorna:
Marion ven, acércate, no dilates más las ganas que se te dibujan en la mirada – Y luego, dirigiéndose a mí – te dije que aún no me apeteces, no me gustan las vírgenes.
Me sonrojé, sí, me sonrojé y me levantó la ira su comentario, ¡cómo se atrevía!, no sólo me rechazaba sino que abiertamente hablaba de mi virginidad y me la echaba en cara, quise abofetearlo pero se adelantó a mis deseos y en un abrir y cerrar de ojos se encontraba sentado en la poltrona negra que se encontraba a varios pasos tras de mí, mientras Marion ya estaba ubicado a mi lado, con una sonrisa perversa pero con mirada triste al mismo tiempo, extendiéndome de nuevo la mano.
No lo enfrentes Sasha y dime ¿lo deseas?
Una carcajada de Dysan me despertó de mi sorpresa.
Hasta que no te despegues de tu lado humano serás un vampiro menor, ¿acaso yo te lo pregunté Marion?- y agregó - Sí, hazle entender que el único que puede abofetearme eres tú.
Miré a Marion comprendiendo la ira que le brotaba en la mirada.
Lo deseo Marion, te deseo...
Y tomé su mano acercándome lentamente a él ante la mirada vigilante y posesa de celos de Dysan. Marion soltó un pequeño resoplido de satisfacción y vi, por primera vez desde que lo conocía, cómo se le dibujaba una sonrisa perversa y su mirada se inyectaba de lujuria, la lujuria de un hombre que se me antojaba ahora desconocido. Llevó mi mano hacia atrás y me tomó por la cintura pegándome a él en un arrebato y dejando mi boca a centímetros de la suya; pude sentir su gélido aliento bañándome y su mano fría que se aferraba a la mía desde atrás, giró apenas un poco la cabeza para observar a Dysan quien, con un gesto de aprobación, aleteó con la mano conminándolo a continuar.
Por fin sus labios se posaron en los míos y un escalofrío eléctrico me recorrió desde la boca hasta la entrepierna, que por primera vez en mi vida reaccionaba ante excitación alguna y se alborotaba en jugos que comenzaba a percibir saliendo de ella. En su beso rozó mis labios, apretó, me invadió con su lengua y me inauguró las pasiones que se me iban arremolinando en el pecho y hacían latir mi corazón a velocidades insospechadas, pronto sentí en el bajo vientre un bulto que firme se apretaba a mí y no pude evitar que se escapara un suspiro de mi boca. De repente suspendió su beso y dijo:
Sí Dysan, lo disfruto y sé que disfrutas tú lo que ves.
Quiero ver más, Marion, quiero ver más, acaricia su pecho...
Marion me vio con lascivia, definitivamente ya no era aquél muchacho tímido que había conocido pero igual sentía que esperaba alguna reacción de mí, alguna aprobación. Yo estaba decidida y sabía que tenía que jugar el juego de Dysan si no quería terminar muerta bajo la ira de sus dientes, así que, clavando mi mirada en los ojos violetas de nuestro cruel jugador, tomé la mano libre de Marion y suavemente la posé sobre la parte desnuda de mi pecho invitándolo a seguir.
Marion paseó su mano levemente sobre mis senos, descendiendo invasor por lugares que nunca habían sido tocados más que por mis manos y las manos de mi esclava al frotarme la esponja durante el baño, pero esta vez sentí ese gusto de placer prohibido e increíblemente sentía el gélido tacto aun a través de la tela del vestido y el corsé, como si me estuviera tocando directamente sobre la piel. Eché mi cabeza para atrás en un gesto involuntario y apreté mis párpados para dejarme invadir por esas divinas sensaciones, hasta el momento desconocidas para mí y de repente escuché la voz de Dysan que sin preámbulos ni suavidad espetaba:
Ahora Marion.
Y sentí dos agujas que agresivas se clavaban en mi yugular y comenzaban a extraerme la vida en un par de manantiales derramados hacia su boca. Mi cuerpo se deshizo entre sus brazos, ardores ignorados invadieron mis entrañas poseyéndome entera y marcando, con los sones de mi corazón agitado, los compases de un placer que me hacían estallar sucesivamente y en ascenso intenso, el primer orgasmo que me regalaban en toda mi existencia. De nuevo la voz de Dysan rompía el momento:
Ahora detente Marion.
Su lengua lamió la herida y sentí como ésta desaparecía, al igual que mi presente éxtasis, que se iba calmando para dar paso a un estado de agotamiento agudo. Confundida, los observé a los dos y noté cómo se sonreían el uno al otro. Tuve miedo, no imaginaba hasta qué punto mis perversos vampiros pretendían jugar conmigo antes de hacerme su compañera ¿o no lo harían?. Dudas y dudas me invadieron pero luché contra ellas, no podía flaquear, no podía dejarme sentir.
Deberé continuar mañana, el sol se acerca y mis amantes esperan...
27 de mayo de 1876
Acrecentando su sonrisa satisfecha, indudablemente al percibir mi debilidad momentánea, Dysan se levantó de la poltrona y se acercó para tomarme en brazos, Marion lo dejó hacer y nos siguió en el trayecto desde el salón hasta mis aposentos. Me impresionó que Dysan se manejara tan perfectamente por los caminos de mi casa, luego supe que simplemente seguía el mapa de mi mente, a la que invadía a su antojo hasta hace muy poco tiempo. Suavemente me depositó en la cama y muy cerca de mi cara me dijo:
Prepárate gatita, la noche apenas empieza.
Observó a Marion que se había parado frente a la cama con las manos unidas al frente, como los curas antes de dar un sermón, y con un gesto lo invitó a acercarse. Yo sentía que poco a poco recuperaba fuerzas y noté que Marion había adquirido un hermoso tono sonrosado en sus mejillas, seguramente producto de la sangre ingerida. Dysan se posó detrás de él y con sumo cuidado y amor le fue quitando la capa, la chaqueta y la camisa. Esa imagen me impactó y me excitó tanto que aún hoy a veces les pido desvestirse entre sí. Dos hombres, uno más hermoso que el otro, en suave acariciar, en devoto ritual de quitarse las ropas frente a una mujer dispuesta que los observa complacida, como lo estaba yo a esa hora de aquél mayo lejano.
Marion desabrochó sus pantalones siempre observándome y poco a poco fui descubriendo las formas de ese hombre perfecto, que se me mostraba y se me ofrecía tanto como yo lo estaba ante él. Sentía que no podía siquiera moverme embelesada ante tal belleza. Ahí, en la cama, apenas observaba cómo Dysan acariciaba la espalda de Marion y cómo era la desnudez de un hombre, sus hombros, sus pectorales, sus abdominales y un miembro enhiesto y desafiante en cuya punta brillaba una pequeña gotita.
Es tuya ahora, recuerda, hazla mujer para mí – Le susurró Dysan al oído.
Ya ni siquiera pude asustarme, sí, me había gustado el placer, me había fascinado la sensación experimentada y ver su cuerpo desnudo sólo acrecentaba mis ganas por más.
Sí, hazme tuya Marion...
Así mi dulce amante se acercó y primero deshizo mi moño en un hábil pero suave movimiento, luego, tomó el borde de mi vestido y rompió las florecillas que descansaban en mis hombros liberando el torso y dejando a la vista mi corsé. Como si se tratase de una hoja, levantó mi cuerpo y con facilidad pasmosa me despojó de la falda, los fondos y el armador, dejándome apenas las enaguas blancas.
Dysan tomó la silla que tenía frente a mi amplia peinadora y la puso justo frente a la cama, con el espaldar pegado al borde; se despojó de la capa y la chaqueta para estar más cómodo quedándose solamente con la camisa entreabierta y luego, se sentó a piernas abiertas, como si estuviera montando un caballo, cruzó los brazos sobre la fina madera tallada y posó su hermoso rostro sobre ellos poniendo toda su atención en el espectáculo que estaba a punto de presenciar. Verlo ahí me excitó aún más y le pregunté que por qué no se acercaba, se rió cruelmente y me dijo:
Cuando finalmente te tenga para mí no habrás deseado ofrecérteme tanto, gatita virgen.
Lo miré con odio y me di cuenta de cómo inspirármelo le satisfacía, porque me guiñó el ojo mientras me regalaba una de esas hermosas sonrisas perversas. Tomé a Marion por la nuca y lo atraje a mi cara en un intento brusco de darle un beso sólo para desafiar a Dysan pero mi dulce me tomó por la muñeca y me dijo:
Querida mía, acá las acciones las dispongo yo...
Me sorprendió su actitud, él siempre tan sumiso, tan suave, tan tímido... ¿qué le había hecho?
¿Qué le has hecho monstruo?- dije sin poder evitarlo.
No me ha hecho nada Sasha – dijo tomándome ahora también la otra muñeca y atrayéndome hacia sí con fuerza- tú siempre deseaste un hombre ¿verdad?, un hombre con todas las letras, un hombre que te despertara la pasión, un hombre que te llevara de la mano ¿no es cierto?, pues mírame Sasha, él no me ha hecho nada ¡me lo has hecho tú!
Y acto seguido me plantó un beso salvaje y soltó mis muñecas tan sólo para romper el corsé y las enaguas; acto seguido, se posó sobre mí obligándome a tomar una posición totalmente horizontal bajo su peso en mi cama. Pero poco a poco sus movimientos y su beso fueron suavizándose. Sentí cómo su corazón se desbocaba sobre mi pecho y sus labios comenzaron a rozar los míos mientras sus manos emprendían caricias en mis piernas de abajo hacia arriba por los costados.
Suspiros comenzaban a salir de sus labios y los míos y su cuerpo resbalaba sobre mi piel con tanta delicadeza que todo lo sentía yo como un roce de pétalos; pronto su boca abandonó el beso para dirigirse a mis mejillas, mi mentón, mis orejas que lamió y mordisqueó sublimemente, pero con pasión. Sus manos viajaban ahora por mis ingles y se acercaban en suave masaje a mi entrepierna húmeda, latente y excitada. Cuando sentí sus dedos abrirse camino desde arriba entre mis labios vaginales, emití el primero de los mil gemidos que esa noche escaparon de mi boca e intuitivamente abrí mis piernas para sentirlo mejor.
Eso es gatita, disfruta, entrégate, Marion es el mejor amante que podrás tener.
La voz de Dysan acompañándonos continuamente, lejos de molestarme, me encendía cada vez más, era como si el deseo tuviera estampa de ángel oscuro y nos ordenara a viva voz lo que nuestros cuerpos ansiaban con locura.
Al abrir mis piernas, la mano diestra de Marion pudo viajar a sus anchas por mis pliegues húmedos y encontrar el punto de placer que hasta ese momento era desconocido para mí. Un pequeño gritito se escapó de mi garganta ocasionando un gemido de placer del "dulce", quien prestamente, se dedicó a presionar con la yema de su dedo medio sobre el botón floreado que se hinchaba y se endurecía más ante su caricia, tanto como su miembro que sentía arder y latir apretado a una de mis piernas.
Por instinto, comencé a balancearme para lograr una fricción más intensa y con el movimiento, involuntariamente, también frotaba mi piel sobre su sexo. Marion comenzó a moverse con locura y su mano libre apretó mis senos alternativamente, provocando con su roce que de nuevo unas oleadas de placer me fueran invadiendo de manera incontrolada.
¿Qué estás esperando Marion? – De nuevo Dysan marcando el ritmo de los acontecimientos – la gatita quiere pasar el umbral y puedo sentir cómo te domina con sus movimientos.
La rabia se notaba en su áspero tono de voz y ahora fui yo quien le regaló una sonrisa perversa y pensé, para que lo leyera, "es mío Dysan, es mío". Noté cómo era ahora él quien me veía con odio y entendí por qué le gustaba tanto inducírmelo; el odio es, en el extremo opuesto al amor, el único puro sentimiento que puede comparársele y a seres como nosotros nos complace divinamente provocar todas y cada una de las más intensas pasiones.
Marion hizo caso omiso a lo que estaba sucediendo y que yo sabía bien que él percibía. Suavemente se fue posando entre mis piernas y sentí el roce de su pelvis en la mía mientras, hambrienta, intentaba morder sus hombros y su cuello. Al sentir el roce de mis dientes Marion se separó un poco y con extrema dulzura me vio a los ojos y me sonrió para luego decirme:
Ya morderás mi Sasha, ya te daré de ésta, mi sangre, que durante años ha corrido tan sólo por ti. Ahora siente el placer que te invade, ahora siente cómo te hago mía y con la fuerza que siempre has tenido, soporta la llegada de la muerte dándole paso a otra vida.
Y con su glande comenzó a acariciar de arriba hacia abajo entre mis labios vaginales para prepararme y enardecerme aún más los sentidos. Levemente fue introduciendo el bálano y yo me iba abandonando a una nueva sensación que esa noche se me mostraba. No sentí dolor mientras se introducía, como decían las viejas beatas; incluso pensé fugazmente que lo hacían para que una tuviera miedo y no se atreviera hasta que ya no hubiera más remedio; pero, de repente, sentí que algo frenaba su trayecto y la escuché la voz de Marion que decía.
Ahora mi dulce amor, prepárate...
Y empujó con fuerza hacia mi interior provocándome un agudo dolor y la sensación de que algo se rasgaba en mi interior. Grité justo antes de que Marion tapara mi boca con un beso y comenzara a moverse muy lentamente adelante y hacia atrás. Poco a poco mi cuerpo fue dando paso del dolor al placer y mis caderas comenzaron a bailar al compás de las suyas. De nuevo las oleadas me invadían pero esta vez de modo más intenso, experto, Marion se pegaba fuertemente a mí en cada embestida estimulando mi clítoris con roces de su pelvis y apretando mis glúteos con una pasión que me contagiaba y dirigía mecánicamente mis manos también a sus nalgas.
Cuando el placer alcanzaba las puertas del éxtasis y nuestros cuerpos se desataban en furias lujuriosas uno sobre el otro, Dysan nos dio el pico intenso para que perdiéramos ambos los sentidos bajo su orden:
Drénala Marion, drénala para mí.
Ahora mi mente divaga en los sucesivos acontecimientos, quiero abandonarme a estos recuerdos, luego continúo.
28 de mayo de 1876
De nuevo los dos filos en mi cuello y el torrente desatado hacia su boca. Los movimientos se aceleraron de manera sobrehumana, al igual que el éxtasis, que en sucesivos estallidos nos hizo reventar el cuerpo y el suyo. Acabamos desesperados en fuertes orgasmos que nos quebraron las voluntades. Sentí cómo se me iba escapando la vida y en esa sensación mi cuerpo explotaba hasta el paroxismo. En la línea de la muerte todos y cada uno de los corpúsculos del cuerpo se enardecen, los cinco sentidos luchan entre intentar percibir y entender y mantenerse aún activos, y en esa lucha, el cuerpo dividido, llega a lugares insospechados y el éxtasis es una cima que no se puede describir con pobres palabras.
Lámele la herida, ahora es mi turno- escuché casi desmayada.
¿Qué dices Dysan? ¡se puede morir! – vi la expresión desesperada de Marion al pronunciar estas palabras.
Tú escoges Marion, o me la otorgas así como está o te domino para que juntos la veamos morir lentamente.
En mi agonía ni siquiera el miedo tenía las puertas abiertas. Apenas concentré fuerzas en pensar unas palabras para Marion y que él las pudiera captar de la débil señal de mi mente: "Sálvame Marion, esta vez tú no te le enfrentes. Sálvame mi dulce, has lo que dice".
Y vi como con dolor Marion se levantaba lentamente, un suave beso depositó en mis labios y acarició mi mejilla con su mano. Me miró con ternura y me dijo:
Esta vez mi amor debes ser más fuerte que siempre, no me decepciones y mantente viva que pronto pasará y serás nuestra compañera.
Intenté sonreír y aspiré lo que pude de su perfume para aferrarme con fuerza a su esencia. Me sentía morir, mis miembros parecían no existir más en mi cuerpo y mi corazón apenas daba esbozos de aún mantenerse en funcionamiento. Se apartó de mi cuerpo para darle paso a mis ojos a la visión del cuerpo de Dysan, que en el escarceo se había desvestido completamente. Supe en el instante lo que se proponía y pensé "Te odio Dysan, te odio con toda mi alma" y para sorprenderme aún más escuché claramente en mi mente sus pensamientos transmitidos que decían "Yo también te odio mi dulce gatita, yo también", y en nuestras miradas inyectadas en odio nos reconocimos en silencio...
Ordenó a Marion mantenerse al margen o salir de la habitación. Apenas pude percibir, mientras mi visión se iba nublando, que Marion se quedaba junto a la puerta, vigilante y nervioso.
Mañana enfrento éste, el momento culminante de esa noche.
29 de mayo de 1876
Dysan me tomó como si yo no fuera un cuerpo sino una piel llena de aire, liviana de sangre, liviana de vida. Su tacto frío recorrió mi piel invasivo, duro, firme. Me miró a los ojos con una victoria violeta centelleante que me poseía, me llenaba de rabia, me humillaba, me doblegaba. Una lágrima escapó de mis ojos y él sacó su lengua rosada para lamerla en apenas un roce imperceptible para luego decir:
Bebo tu rabia Sasha Dupont, bebo la esencia de todos tus odios guardados, desde niña, hacia este mundo de hombres que, a tu pesar, te domina. He bebido de tu altivez durante mucho, mucho tiempo y no, no era tu sangre, era esta lágrima humillada la que quería para mí.
Mi sorpresa seguramente sólo se equipararía a la que estaba sintiendo Marion en ese momento. Dysan sabía de mí, Dysan estuvo a un paso de mis sombras durante toda mi vida y me odió como todos, menos mi dulce, siempre me habían odiado. Dysan Plump no hace nada improvisado, Dysan Plump todo lo calcula. Dysan Plump me odiaba porque yo era lo que él aborrecía de sí mismo. Esa noche lo supe, en ese instante. Al leer el diario de Marion me impresionó encontrarme con la frase "ahora tu ser y tu sangre llena de pasiones reprimidas son míos..." y entendí su confesión velada antes del posterior castigo: "bebo la esencia de todos tus odios guardados"; Dysan era un verdadero vampiro y, de los tres, es el que continúa siéndolo en realidad; él no bebe simplemente la vitae que corre por las venas humanas, él bebe esencias y escoge para sí aquellas que le recuerdan que alguna vez fue humano. Marion y yo explotábamos su humanidad, su deseo mundano de compañía, sus pasiones, sus amores; todo a cuanto él se negaba; por eso nos convertía en él y esa noche erigía su victoria sobre sí mismo, una noche esperada por años de vigilarnos, de acecharnos, de conocernos y de amarnos. Dysan Plump al mismo tiempo sucumbía y ganaba en su juego eterno.
Me lo confirmó la rabia y la suavidad con la que me profanó interiormente luego de su confesión. Se acostó en la cama, y me acostó sobre su cuerpo, pero de espaldas a él. No quería que viera su rostro, no quería que adivinara nada en su expresión, y no quería verme. Estando así, casi muerta, él me penetró fieramente y me apretó los senos, el vientre, la vulva. Abrió mis piernas para tocarme entera mientras su miembro entraba y salía sin piedad de mí y yo, desfallecida, rebotaba con cada embate, con cada golpe de su pelvis en mis glúteos. Me dolía, me humillaba; una baratija parecía mi cuerpo resbalando sobre el suyo, sin fuerzas, agonizante. Nada de placer esta vez, nada de éxtasis, sólo dolor, sólo rabia y deseos de morir. Sí, en ese momento realmente deseé morir y acabar con todo, en ese momento reconocí mi vida de falsedades, mis rechazos a los afectos humanos y mi negación a sentir hasta el amor que Marion siempre me había provocado, pero que no me podía permitir porque me debilitaba, porque él era un sumiso, un cobarde. Esa noche entendí que ellos no eran los monstruos, era yo... Y pensé :"hoy, Sasha, debes morir..."
De nuevo dos filos en mi cuello desgarrando carnes, rompiendo realidades, extrayendo al monstruo... y el placer, he ahí que de nuevo me invadió el placer, pero no era el mío, Dysan me trasladaba su sensación de bienestar, Dysan evitaba que sufriera mi muerte. Y en mi mente la voz de Marion: "Resiste Sasha, resiste mi amor". Lo penúltimo que mi cuerpo vivo sintió fue el derramar de Dysan en mi interior y, al mismo tiempo, su lengua firme y caliente ahora, cerrando mi herida en una sublime pasada.
El resto aún son imágenes caóticas que se me arremolinan en la mente: Marion tomándome, abrazándome fuerte y la sensación de odio que le emanaba de los poros. Dysan alisando la cama, colocando los almohadones apilados en la cabecera. Los dos a un lado y otro arrodillados alrededor de mi cuerpo, Dysan mordiendo la muñeca de Marion, Marion la de Dysan y sangre derramándose directamente a mis labios en un manar conjunto. Sus manos unidas sobre mi rostro y desde la misma fuente sus esencias cayendo en mi garganta.
Lo último que sentí como humana fue una lava lacerante que me invadía, bajaba por mi laringe, mi esófago, mi estómago. Invadía caliente y viscosa cada punto, cada órgano, cada nervio. Y el corazón. Mi corazón comenzando a desbocarse de nuevo, desesperado, acelerado, agitado. Tun tun, tun tun, tun tun, retumbaba en mis oídos y el aire se me iba escapando, y las manos adquirían fuerzas para aferrarse a la cama y mi sed aumentaba y aumentaba. Quería más, siempre más...
Animal, tomé las dos muñecas e intenté pegarlas a mis labios, chupar salvajemente lo que mi alma pedía a gritos para calmar esa sed de 25 años sin sentido, de 25 años vacía, de 25 años muerta. Y al beberlos supe que finalmente los tres éramos iguales, éramos partes de un todo que en ese momento calzaba de nuevo sus piezas, humanos muertos que en la no-vida encontraron su renacimiento.