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domingo, 9 de diciembre de 2007

Amores inmortales - El beso de la muerte III (La mirada de Dysan)

Mi gatita necesitaba su revancha. Lo supe siempre, era ella quien podría dominarnos, doblegarnos, odiarnos y amarnos. Escribo esto sin fechas. Ellos aún son jóvenes y están pendientes del devenir del tiempo pero cuando tienes tanto tiempo como yo y con tanta soledad en el pasado, te das cuenta de que los días, las noches, las horas y sus segundos nada importan. No respiramos, no tenemos calor en la piel, nuestras lágrimas son sangre, nuestro cuerpo entero es sangre, más nada.



Sé que en algún momento cada uno se sentirá impulsado a escribir sobre "sus" respectivas noches al morir, sé que incluso habrán queridos y atentos lectores como tú, que se meterán en la historia, que deseen o no ser ellos, que quieran conocerme...



Já, no querrás conocerme querido lector, no departo con humanos sino para alimentarme, a menos que... no, lo dudo, mis otros dos yo ya están completos ¿serás tú el que tiene esencia como ellos para llamar mi atención una noche desesperada?, ¿crees tú, respetado lector, que esa noche que querrás morir yo apareceré para drenarte esa idea de muerte?... mmm yo no creo; seguro pronunciarás mi nombre pero no apareceré, así que sólo suéñame, ahí podrás tal vez, y eso si eres muy imaginativo, sentir el sabor de mi sangre robándote la vida.



Pero, a lo que iba. Sasha bebió sangre de los dos y lo consentí porque, de cualquier manera, ella sería un ángel poderoso, lo tenía en el alma y se reflejaba en sus fulgurantes ojos desde pequeña. Claro, me cuidé de que la primera gota fuera mía, mi progenie, no la de Marion. Ella tal vez merece más todo esto que nosotros y no lo digo sólo por las ventajas, no, también por las desventajas, que a mi "edad" no son tantas, pero ya lo verán ellos a través del tiempo.



Imagino que esperabas algo más "perverso" de mí, tal vez más oscuro, pero la verdad es pura y simple: me apasionaron desde siempre y sí, unos simples mortales no me iban a controlar más mis noches de acecho y caza.



Mi historia poco importa, mi horrible noche de muerte no te la contaré, tan sencillo porque es horrible y punto. Y la merecía, además. Ella no podía seguir soportando mis maltratos, mi indiferencia, y cuando ese vampiro le dio el poder, ella, como mi gatita, tomó revancha. Sí, te estarás preguntando quién es "ella", pues ya nadie, Eleanor desapareció de mi no-vida y nunca pretendí buscarla. Eso es todo lo que se puede decir de ella: era mi esposa, la maltraté física y mentalmente con mi fría indiferencia y ella se vengó de mí. No seas curioso lector, el resto no importa.



Y tampoco escapamos Marion y yo de la venganza personal de Sasha. Ella no iba a desistir en su objetivo. ¡Tan parecida a mí mi gatita! Como dije, consentí que bebiera de los dos aún a sabiendas de que eso le otorgaría un poder muy grande en el momento de ser convertida en uno de nosotros y, aunque me sorprendió más de lo que esperaba, yo estaba dispuesto desde el principio a dejarla liberar su furia sobre mí y sobre Marion; además, no pensé que tan rápidamente fuera conciente de su nuevo estado y lo pusiera en práctica tan a la perfección. ¿Que por qué lo consentí? Pues simple también, sabía que ella le pondría precio a pertenecernos, sabía que ella nos haría pagar puntualmente, y por adelantado, lo que valía el hecho de que nos acompañara eternamente. Pues nada, a pagarlo, aunque me haya costado hacerle entender eso a Marion, quien, desconsolado no entendía el encierro al que nos sometió durante años (perdí la cuenta amigo, no preguntes tantos detalles, te reitero que los años para los vampiros pasan como minutos, la inmortalidad suele hacer que perdamos el valor del tiempo).



Pero me disperso. Iba a contar cómo nuestra amada gatita, astuta, nos debilitó mucho al quitarnos buena parte de nuestra sangre; luego, nos llevó a un sótano, fuera de la casa, donde nos encerró (aún no sé bajo qué artilugios, pero indudablemente efectivos) y nos hacía llegar, una vez por semana y siempre durante el día, a un esclavo, alimentándonos apenas lo justo para mantenernos vivos y concientes.



Muchas veces conversábamos con el poder de nuestra mente, ninguna de las cuales le pedí que nos liberara. Aún francamente débiles, Marion y yo pasamos noches haciendo el amor y yo se lo describía a ella para provocar su ira o su placer, depende del día. Le narraba cómo lo besaba, cómo nos mordíamos y apenas sorbíamos un poquito de sangre, cuando sabíamos que era luna llena; disfrutaba contándole cómo lo penetraba o como me penetraba él a mí. Jeje no lector, no te contaré eso con detalles tampoco, más bien siente la ira de Sasha, sus celos y su pasión mientras yo le contaba en tantas ocasiones cómo el amor entre Marion y yo crecía y nos mantenía firmes con el paso del tiempo. ¿Ves?, imagínate, si a ti te hace sentir eso ¡qué tanto ocasionaban mis narraciones en la Dupont!.



A veces ella me gemía un orgasmo en la mente y eso era suficiente para hacerme acabar, en fuerte éxtasis, sobre o dentro del cuerpo de su "dulce". Sé que ellos también se comunicaban, nunca lo hicimos los tres en conjunto, pero sí sé que mientras para Marion los "te amo" eran su frase del día (está bien está bien lector, seré más preciso, "de la noche") para mí los "te odio gatita" y los "te odio oscuro" eran el menú más común.



Pero un día me cansé de tanto encierro, de tanto esclavo que, a través del tiempo, pasaron a convertirse en mozos y hasta chicas que no imagino bajo cuáles mecanismos Sasha lograba hacer llegar hasta nuestro sótano; y solté la frase que sé que ella esperaba de mí. Lo que yo sabía su "precio".



Comenzó uno de sus ya acostumbrados juegos nocturnos, describiéndome cómo había atraído a un chico a su cama, francés, para colmo de males, y se disponía a hacerle el amor y luego beber de él su delicioso "vino". Supe que también se lo decía a Marion por esa expresión de ira, placer y tristeza que siempre lo invadía cuando ella hacía lo propio con su mente al narrarle sus devaneos eróticos. Como dije, yo ya no resistí más...



¿Les gustó la mozuela que llegó esta mañana mi Oscuro?



Sasha...



Yo estoy a punto de celebrar libando un buen vino francés que me espera ansioso en la cama... ¿recuerdas esa cama?, hoy tiene seda blanca...



Sasha...



Vaya, Vaya, ¿el gran Dysan no sabe hoy sino pronunciar mi nombre?



Sabes bien por qué no me salen más palabras...



Sí lector, sí, ella me redimió también a mí; sí, pues, la noche que yo necesito escribir es la de MI liberación.



No lo sé, tal vez estás muy ocupado lamiendo el cuerpo de mi dulce, tal vez aprovechan una vez más la luna llena para compartir un poquito de su sangre... lo único que sé con certeza es que este francés tiene un miembro que sabe a gloria y sus manos saben bien dónde buscar para hacerme sentir un divino cosquilleo de placer...



¡Sasha, para con eso!



No la veía, pero sé perfectamente que ese arrebato por mi parte la había sorprendido. Los suspensivos mentales se hicieron largos y Marion relajó su expresión, por lo que sabía que a él tampoco le estaba llegando nada; mi gatita no sabía como reaccionar, pero yo sabía que no tardaría en hacer algo; ella, aún hoy, tiene la costumbre de no quedarse callada.



Vaya tantos años disfrutando de lo que te cuento y ahora te me vas a poner con esas... ¿o es que te da celos que sea justo un francés como tú? Fíjate, hasta parecido es, lamentablemente sus ojos no son violetas, pero tiene rizos dorados... mmm y unos mágicos dedos que me exploran como lo hiciste tú esa noche, ¿recuerdas?. Claro, esta vez con mi consentimiento...



Sasha...



¿¡Qué!?



Te extraño y... te amo...



Y ay lector lo que me costó pagar el precio de decir eso.



Los siguientes minutos fueron una agonía aún mayor que la de todos esos años sin verla. Marion se incorporó de la cama que habíamos compartido en ese sótano cada noche, se me acercó, me tocó la mejilla casi con ternura, me dio un beso en los labios y me dijo "Vístete, Sasha ya viene".
Su tranquilidad, su seguridad, su templanza, su orden decidida... sí, lo había logrado, mi Marion y mi Sasha, en su esencia pura, con sangre fuerte, resueltos y VIVOS. Les había logrado dar lo que descubrí yo al "morir". Pero yo tuve una suerte adicional que ellos no han tenido: Yo renací dos veces y esa noche fue la segunda.



¡Bah!, lector, no te engañes, puedo tener estos lapsus pero eso no cambia lo que soy ni lo que eres. Tal vez ya no desees invocarme tanto como antes, pero aún estoy en tu mente, latiendo; y ese deseo te invade con fuerza, lo sé; quieres mis dientes en tu cuello, quieres mis manos para recorrerte, quieres que pronuncie tu nombre en mi mente, quieres que te posea... sé lo que soy mortal, sé de tu fascinación por mí, sé que si has llegado hasta acá en una historia que te hace debatir entre creer o no creer, es porque necesitas soñar con que Dysan Plump existe en algún lugar del mundo y, aún más osado, quieres que llegue a ti, justo a ti; pero piensa en esto: ¿qué tan especial eres? ¿qué tan sobresaliente, entre la triste y patética raza humana, como para que yo te quiera?, ¿tienes idea de lo particular que debes ser para convertirte en uno de nosotros?, ¿lo eres?, jajaja, sí, yo soy arrogante al decir todo esto pero ¿no lo eres más tú al responder afirmativamente a todas mis preguntas?. Insisto lector, no te engañes, te conozco y conozco de tus deseos; también sé que quieres que sea cruel, que sea perverso, que sea oscuro; pero yo acá no estoy para ser lo que tú quieres, estoy para ser lo que soy, para mí y por mí, ¡ah! Y por ellos, por mis eternos compañeros.



Pero quieres saberlo, sí, quieres saber qué hizo Sasha con nosotros. ¿Que también la deseas a ella?, já, no me cabe duda; ni qué decir del dulce Marion y tus ganas de saber si es o no tan dulce como parece; te anticipo, no te gastes, él es él en sí mismo, ni yo ni nadie sabe sus dosis de dulzura y de perversión; tendrías que verlo conmigo en la cama, lo duro, lo apasionado, lo lascivo que es y lo entregado... siempre tan entregado; aunque al final no se pueda saber si realmente lo está, o hasta qué punto; ese es mi Marion, el hermoso, nuestro enigma compartido.



Sí, sí, ya sé que quieres saber si hicimos el amor los tres; eres humano, esas son tus "curiosidades", para eso sigues leyendo ¿verdad?. Quieres que te cuente si la violé otra vez, que te describa con todas sus letras cómo la penetré, si es que la penetré, o como Marion y yo nos besábamos mientras ella se turnaba en una magistral felación entre su miembro y el mío; quieres que te diga si mi lengua se paseó a placer por su vulva sonrosada y si también tuvo esa dicha Marion; si gemimos, si suspiramos si gritamos de éxtasis los tres y, por supuesto, tu morbo mortal hasta querrá saber si la penetramos los dos al mismo tiempo sintiendo cómo sus cavidades nos apretaban gustosamente y cómo su menudo cuerpo quedaba aplastado entre los nuestros. Querrás saber los detalles mundanos de un encuentro sexual entre cuerpos sedientos y llenos de deseo.



Pero, hay un detalle, no somos como tú querido, somos vampiros y aunque te moleste, somos superiores a eso. Además, por encima de todo soy un caballero (de los de verdad, de los primeros) y no daré los pormenores de un encuentro, si es que lo hubo, entre dos vampiros y una vampira. Sólo te dejo como reflexión una cosa, estate atento a los adjetivos que usé, mira tú qué detalles son tan personales, como para poderlos describir en todo cuando acabo de decir y saca tus conclusiones de lo que pasó y no pasó. Ay ¡cómo me gusta hacerlos pensar más allá queridos mortales!



Ahora bien, nos aburrimos, ¿verdad?, tanto yo de escribir como tú de leer. Puedes parar acá, lo que viene no interesa mucho más que a nosotros tres, lo que viene es el cierre de nuestra noche de sangre, lo que viene es el fin y a su vez el comienzo.



Tenía razón la muy condenada, ese francés se parecía a mí. Estaba aún algo atontado sobre la cama, ella había bebido de él antes de buscarnos, y por su expresión agotada, se notaba que no duraría mucho más. Tampoco mentía en que su cama estaba vestida de sedas blancas y el chico parecía una hermosa edición especial de un exquisito vino, con botella de corcho dorado. Con él sellamos el pacto, el brindis de eterna unión, desnudamos nuestras almas bebiendo de sus delicadas muñecas y de su cuello y aprendimos de Sasha no hacerlo sufrir. Me obligó a hacer con él lo que, aquella lejana noche de mayo, hice con ella: transmitirle mi placer, algo que, según nos informó, ella practicaba desde esa noche. Increíble, mi dura y cínica, se tornaba compasiva y mi dulce, fuerte y decidido. Qué hermoso paseo entre nuestras psicologías. Lo somos todo querido mortal, nosotros tres lo somos todo y eso es lo que me gustaría que entendieras bien, las pasiones nos alimentan, la sangre es nuestra guía, ¿qué más puedes esperar? ¿aún te cabe duda?.



De mi pecho bebieron mis dos amantes, al mismo tiempo, luego de darme el último sorbo del francés que yacía ya muerto sobre la cama. Ella permitió que de nuevo Marion se adueñara del lado izquierdo, así como yo permití que él fuera el primero en su vida. Los dos supimos siempre el lugar que él ocupaba en nuestra alma y lo respetamos hasta hoy; aunque, debo confesar que a veces quisiera que ella se atreviera a morderme suavemente la tetilla izquierda y penetrara con sus colmillos la carne más cercana a este corazón que, a ti, lector, seguro se te antoja monstruoso. Pero mi gatita no lo hará, lo sé, tal vez si yo se lo pido, pero tampoco lo haré y ella también lo sabe. Si tan sólo pudieras tú comprender lo que somos.



Lo importante fue su beso. El beso que me dio vida de nuevo; sus labios aún bañados con mi sangre junto a los míos, su lengua con ese sabor dulce enredándose a la mía suavemente, tan suavemente que me sorprendió. Mi antigua gatita virgen, ahora me poseía apenas con su boca, me deshacía como jamás lo había estado. Mansamente llegó mi tan ansiado regalo; de su mente a mi alma, como un suspiro hermosamente lejano, viajó su voz suave a través de los linderos de nuestras sienes, y su sentimiento, tan apretado como el mío, estalló: "Dysan, mi oscuro, Te amo...". Entendí que no eran historias tontas de vampiros las que Marion había leído, que el dulce me había entregado una premonición, porque así deben ser realmente nuestras historias si quieren preciarse de serlo. Marion me pidió: "bésame Dysan, dame el beso de la muerte", y yo hice exactamente lo mismo con Sasha ante una sonrisa satisfecha de él. "Bésame Sasha, dame el beso de la muerte". Y como ves, me lo dio, entregándome con ese beso la respuesta a mil preguntas siempre formuladas, a mil ansiedades, a miles de ganas. Y a nuestro futuro, el sueño de nuestro eterno futuro de mil caras, de mil épocas, de mil lugares pero con tres únicos protagonistas. La vida y la muerte es sólo eso, somos sólo ellos y yo.



Y ya ¿qué queda por decir?, pues que ahora andamos por el mundo como tres hermanos; ¿te ríes? ¿acaso piensas que no lo somos?, pues sí, somos unos incestuosos vampiros, porque por nuestras venas corre la sangre compartida durante más años de los que tú puedes contar en tu vida y, además, nos encargamos, cada 28 días, de renovarnos el amor y el deseo con nuestra otra testigo siempre colgada en plenitud a nuestro eterno cielo negro; digo otra porque tú eres medianamente testigo también, mira qué favor te hago y seguro te hacen ellos si tienes, primero, la suerte de que escriban y, segundo, de encontrar los tres testimonios. Si algún día es así, considérate afortunado.



Finalmente sólo una cosa me queda por acotar, el tiempo ha ampliado nuestros paladares y ahora apreciamos el vino de casi todos los recipientes; hemos aprendido que mientras más bello el mortal más deliciosa es su sangre... ¿serás tú? ¿tendrás en tus venas nuestro próximo elíxir a libar? Mmm, si estás seguro de ello espéranos una noche, tarde o temprano tres ángeles oscuros te visitarán e invadirán tus carnes, tu alma y tu sangre a dentelladas placenteras. Te aseguro que tanto más lo desees más posible será nuestro encuentro.



Una de estas noches querido mortal, una de estas noches...

Amores inmortales - El beso de la muerte II (La mirada de Sasha)

30 de abril de 2001


Siempre termino complacida cuando cuento la historia de mi vida y veo los apasionados rostros de mis alumnos encantados por esa mujer que ni siquiera imaginan que soy yo misma. Sobre todo me gusta cuando veo su expresión de desilusión, pero prefiero que ellos piensen el final de la historia como les plazca, todos terminan pensando indudablemente que Marion y Dysan murieron y en cierto modo fue así.



Mmm cada vez que evoco esta historia no puedo evitar buscar el diario donde finalmente me decidí a escribir el increíble encuentro que tuvo lugar esa noche de mayo de 1776. Ese mi diario que ni siquiera ellos saben dónde oculto y al que regreso siempre para leer nuestros primeros fueros, nuestra primera batalla...



***



24 de mayo de 1896





Finalmente hoy, cien años después de mi "renacimiento", como me gusta llamarlo, me decido a escribir la historia de mi primer encuentro con Marion y Dysan, mis hermosos ángeles de muerte que me otorgaron el regalo de la verdadera vida.



Esa noche yo los esperaba ya preparada. Nunca imaginaron que había investigado lo suficiente como para saber con certeza que eran vampiros. Siempre supe del amor de Marion, el pobre cuando era humano no podía ocultarlo, pero era demasiado sumiso, demasiado débil para mis propósitos. Lo mejor que le pudo pasar fue la llegada de Dysan a su vida, gracias a eso ahora es un vampiro fascinante, como he conocido pocos, o mejor dicho, como ninguno que haya conocido en estos largos años; es el único que guarda lo mejor de los dos mundos, el mortal y el inmortal. Dysan supo escoger bien y entiendo perfectamente su amor y devoción por el dulce Marion.



Ahora somos tres extremos que conjugan perfectamente: el astuto y controlado Dysan Plump, el romántico y apasionado Marion Hansen y yo, la rara Sasha Dupont. Ellos nunca entendieron mi fuerza, pero mi aguante ante las muertes y las desgracias se debía única y exclusivamente a mi total ausencia de sentimientos, yo era algo así como una vampira mortal, consumía todo de todos a mi alrededor mientras me sirviera; lo que Dysan siempre le peleaba a Marion yo lo tenía ya en las venas y era ese absoluto desapego por la raza humana, aunque fuera una de ellos, a mi pesar... Pero encontré mi oportunidad al descubrirlos y no la iba a desaprovechar.



Esa noche los esperé en mi casa, como apuntaba anteriormente, preparada para ser vampirizada. Sabía que Marion no me mataría, de eso estaba totalmente segura, dudaba un poco de Dysan, se le notaba a leguas su amor por el "Dulce" (como aún hoy lo llamo) y tomando en cuenta eso hice lo posible para seducirlo sutilmente y asegurarme mi supervivencia por encima de sus evidentes celos. Cuando sentí que había conseguido mis objetivos, lo que me restó fue esperar ser poseída por ellos. Fue un momento increíble, intenso, duro, cruel y hermoso al mismo tiempo. En cierto modo tuve que dejarme manejar, lo cual me costaba tremendamente, además por su culpa no había podido consumar mi matrimonio y conservaba, para mi mal, mi virginidad intacta a mis 25 años, lo cual evidentemente poco le importaba al cruel Dysan...
Mmmm, está por llegar un francés al que hemos citado; hoy celebramos con "vino" nuestro primer centenario. Además es luna llena y no podemos dejar pasar el ritual privado de entregarnos en sangre, aunque dudo mucho que podamos repetir todas las sensaciones de hace 100 años... esa noche es irrepetible.




25 de mayo de 1876



Llegaron hermosamente trajeados, como si fueran a asistir a una gran boda. Marion llevaba una camisa blanca con volantes discretos, enmarcada por una chaqueta negra de cuello alto y una capa corta, también negra, de fino terciopelo, como se usaba en la época; sus pantalones estrechos se ajustaban a mitad de la pierna por unas botas altas de cuero. Su gallarda figura había adquirido proporciones y formas perfectas gracias a la sangre vampírica; sus ojos también habían cambiado notablemente, ya no eran simplemente verdosos sino que eran verdes como las hojas de mis plantaciones y tenían un brillo apenas comparable con su fina piel, ahora casi transparente, y el fulgor de su cabello castaño, largo hasta los hombros y que, para la ocasión, llevaba atado en una coleta con un fino lazo blanco de seda.



Dysan siempre se asemejó a un querubín mal caído en la tierra, de cabello ensortijado amarillo, finas y duras facciones marcaban su rostro de eterna expresión traviesa y sus ojos violetas eran y son el delirio de todos cuantos los observan. Esa noche llegó trajeado de un desusado color crema y sé que la única razón por la que su capa fuera de terciopelo vino tinto era que sabía que se trataba de mi color favorito. Siempre elegante en sus formas, no abandonaba el uso de un sombrero perfectamente combinado, con copa alta y ala corta, que coronaba la caída de sus bucles dorados de manera hermosa.



Cuando mi criada de cabecera me informó que tenía la "visita" de los "señoritos" Hansen y Plump supe que había llegado el momento y me dispuse a vestir el traje que había mandado a confeccionar para la ocasión, de color vino tinto, por supuesto, cosa que siempre horrorizaba a la comarca entera, pero éste era mucho más atrevido que los ya atrevidos que siempre usaba: un amplio escote redondo dejaba ver la línea de mis senos que se marcaba con más ahínco gracias al corsé que mi esclava apretaba sin compasión atendiendo a mis propias órdenes. Carecía totalmente de mangas y apenas se ataba a los hombros con el fino encaje que subía desde el escote y terminaba en dos finas florecillas blancas que descansaban sobre las clavículas. La falda, acampanada como tulipán girado por causa del pesado armador que se usaba en esos tiempos, estaba bañada por líneas del mismo encaje que caían radialmente y llevaban esas mismas florecillas de mis hombros, todo terminando en un vuelo blanco que sobresalía bajo la falda pero no evitaba que mostrara mis tobillos y mis pies, casi totalmente desnudos, calzados por unos zapatos forrados con la misma seda blanca del encaje. Até mi cabello azabache en un fino moño alto que dejara ver mi cuello y la parte que de mi espalda quedaba a la vista.



Noté complacida la preocupación de la esclava a que yo me mostrara así ante tan finos señores; esa era mi intención, impactar, como siempre, pero esta vez en demasía. Incluso decliné a su discreta oferta de colocarme un chal que me cubriera un poco y que para aquella época todas las mujeres llevaban casi sin excepción. Le ordené luego que mandara a sacar a todos los esclavos de casa y que se encargara de evitar que mis padres me requirieran de alguna forma, que la reunión con los señoritos era sumamente importante para la plantación y no admitía interrupción alguna. A veces extraño la sumisión de los esclavos que todo lo hacían sin preguntar ni pedir explicaciones, hoy en día hay que prácticamente rogar para que algún empleado del hogar cumpla las órdenes, menos mal que ser vampiro te da tantas ventajas y no hay sindicato que pueda contra nuestras dotes de dominación y seducción.



En fin, la noche del 24 de mayo de hace 100 años sigue instalada en mi memoria como si de ayer se tratase y es que fue el momento que Sasha Dupont Baros fue hecha mujer para luego ser convertida en vampira.



Pero ahora debo detenerme, la historia de nuestro encuentro no debe robarme los espacios que aún comparto con ellos, además si me extiendo a vivir ese 24 de mayo de un tirón puedo ponerme sentimental y todavía hoy odio cuando me invade esa sensación, yo nunca me dejé ser una vampira "menor"...




26 de mayo de 1876



Desde el mismo momento que nuestras miradas se encontraron al bajar las amplias escaleras de "Or Blanc", mi hacienda, los tres supimos que no había nada oculto ya y sabíamos perfectamente a lo que nos enfrentábamos. Recuerdo la amplia sonrisa de Dysan y la reverencia que me propinó quitándose el sombrero; Marion, al pie de las escaleras, me extendió su mano y la tomé para seguirlo al amplio salón, donde comenzó el juego.



Su belleza me tenía absolutamente fascinada, pero a pesar de todo tenía muy claro mi objetivo; como dije, había investigado y había observado como todos los mortales terminaban cayendo absortos y aletargados a sus sonrisas y ese extraño poder que emanaban, pronto me di cuenta de que ese poder estaba ligado a los sentimientos humanos y supe que sólo se trataba de no dejarse amarlos ante su espectacular visión, lo cual dejaba un punto a mi favor; pero no podía dejarles notar mi conclusión, debían pensar que me dominaban, sobre todo Dysan que, callado y atento, me observaba fijamente.



Les ofrecería vino, pero sabemos que es totalmente ridículo- solté sabedora de que eso los descalabraría.



Yo sí aceptaré. ¿Eres francesa verdad?- dijo Dysan, dibujando una sonrisa ladeada que ocasionó un respingo y un ligero cambio de expresión en Marion.



Sí, nací en Francia y luego vinimos a esta colonia aprovechando la oportunidad que estas tierras dan al Reino, sé que tienes predilección por los franceses puros, pero me refiero al vino de mis bodegas – Marion recuperó la sonrisa.



Yo también irreverente dama, pero no te haré la humillación de servirme, me he dado cuenta de que has sacado a todos tus esclavos y por lo pronto no me apetece tomar nada de tus venas – Y observando a Marion- es a él a quien le apetece desde hace ya un buen tiempo.



Su ataque directo y su belleza me poseían por más que intentaba controlarme, en un impulso me acerqué a él e intenté acariciarle la mejilla –Eres hermoso- susurré; pero él apartó su rostro de mi mano y dijo con un dejo de sorna:



Marion ven, acércate, no dilates más las ganas que se te dibujan en la mirada – Y luego, dirigiéndose a mí – te dije que aún no me apeteces, no me gustan las vírgenes.



Me sonrojé, sí, me sonrojé y me levantó la ira su comentario, ¡cómo se atrevía!, no sólo me rechazaba sino que abiertamente hablaba de mi virginidad y me la echaba en cara, quise abofetearlo pero se adelantó a mis deseos y en un abrir y cerrar de ojos se encontraba sentado en la poltrona negra que se encontraba a varios pasos tras de mí, mientras Marion ya estaba ubicado a mi lado, con una sonrisa perversa pero con mirada triste al mismo tiempo, extendiéndome de nuevo la mano.



No lo enfrentes Sasha y dime ¿lo deseas?



Una carcajada de Dysan me despertó de mi sorpresa.



Hasta que no te despegues de tu lado humano serás un vampiro menor, ¿acaso yo te lo pregunté Marion?- y agregó - Sí, hazle entender que el único que puede abofetearme eres tú.



Miré a Marion comprendiendo la ira que le brotaba en la mirada.



Lo deseo Marion, te deseo...



Y tomé su mano acercándome lentamente a él ante la mirada vigilante y posesa de celos de Dysan. Marion soltó un pequeño resoplido de satisfacción y vi, por primera vez desde que lo conocía, cómo se le dibujaba una sonrisa perversa y su mirada se inyectaba de lujuria, la lujuria de un hombre que se me antojaba ahora desconocido. Llevó mi mano hacia atrás y me tomó por la cintura pegándome a él en un arrebato y dejando mi boca a centímetros de la suya; pude sentir su gélido aliento bañándome y su mano fría que se aferraba a la mía desde atrás, giró apenas un poco la cabeza para observar a Dysan quien, con un gesto de aprobación, aleteó con la mano conminándolo a continuar.



Por fin sus labios se posaron en los míos y un escalofrío eléctrico me recorrió desde la boca hasta la entrepierna, que por primera vez en mi vida reaccionaba ante excitación alguna y se alborotaba en jugos que comenzaba a percibir saliendo de ella. En su beso rozó mis labios, apretó, me invadió con su lengua y me inauguró las pasiones que se me iban arremolinando en el pecho y hacían latir mi corazón a velocidades insospechadas, pronto sentí en el bajo vientre un bulto que firme se apretaba a mí y no pude evitar que se escapara un suspiro de mi boca. De repente suspendió su beso y dijo:



Sí Dysan, lo disfruto y sé que disfrutas tú lo que ves.



Quiero ver más, Marion, quiero ver más, acaricia su pecho...



Marion me vio con lascivia, definitivamente ya no era aquél muchacho tímido que había conocido pero igual sentía que esperaba alguna reacción de mí, alguna aprobación. Yo estaba decidida y sabía que tenía que jugar el juego de Dysan si no quería terminar muerta bajo la ira de sus dientes, así que, clavando mi mirada en los ojos violetas de nuestro cruel jugador, tomé la mano libre de Marion y suavemente la posé sobre la parte desnuda de mi pecho invitándolo a seguir.
Marion paseó su mano levemente sobre mis senos, descendiendo invasor por lugares que nunca habían sido tocados más que por mis manos y las manos de mi esclava al frotarme la esponja durante el baño, pero esta vez sentí ese gusto de placer prohibido e increíblemente sentía el gélido tacto aun a través de la tela del vestido y el corsé, como si me estuviera tocando directamente sobre la piel. Eché mi cabeza para atrás en un gesto involuntario y apreté mis párpados para dejarme invadir por esas divinas sensaciones, hasta el momento desconocidas para mí y de repente escuché la voz de Dysan que sin preámbulos ni suavidad espetaba:
Ahora Marion.



Y sentí dos agujas que agresivas se clavaban en mi yugular y comenzaban a extraerme la vida en un par de manantiales derramados hacia su boca. Mi cuerpo se deshizo entre sus brazos, ardores ignorados invadieron mis entrañas poseyéndome entera y marcando, con los sones de mi corazón agitado, los compases de un placer que me hacían estallar sucesivamente y en ascenso intenso, el primer orgasmo que me regalaban en toda mi existencia. De nuevo la voz de Dysan rompía el momento:



Ahora detente Marion.



Su lengua lamió la herida y sentí como ésta desaparecía, al igual que mi presente éxtasis, que se iba calmando para dar paso a un estado de agotamiento agudo. Confundida, los observé a los dos y noté cómo se sonreían el uno al otro. Tuve miedo, no imaginaba hasta qué punto mis perversos vampiros pretendían jugar conmigo antes de hacerme su compañera ¿o no lo harían?. Dudas y dudas me invadieron pero luché contra ellas, no podía flaquear, no podía dejarme sentir.
Deberé continuar mañana, el sol se acerca y mis amantes esperan...




27 de mayo de 1876



Acrecentando su sonrisa satisfecha, indudablemente al percibir mi debilidad momentánea, Dysan se levantó de la poltrona y se acercó para tomarme en brazos, Marion lo dejó hacer y nos siguió en el trayecto desde el salón hasta mis aposentos. Me impresionó que Dysan se manejara tan perfectamente por los caminos de mi casa, luego supe que simplemente seguía el mapa de mi mente, a la que invadía a su antojo hasta hace muy poco tiempo. Suavemente me depositó en la cama y muy cerca de mi cara me dijo:



Prepárate gatita, la noche apenas empieza.



Observó a Marion que se había parado frente a la cama con las manos unidas al frente, como los curas antes de dar un sermón, y con un gesto lo invitó a acercarse. Yo sentía que poco a poco recuperaba fuerzas y noté que Marion había adquirido un hermoso tono sonrosado en sus mejillas, seguramente producto de la sangre ingerida. Dysan se posó detrás de él y con sumo cuidado y amor le fue quitando la capa, la chaqueta y la camisa. Esa imagen me impactó y me excitó tanto que aún hoy a veces les pido desvestirse entre sí. Dos hombres, uno más hermoso que el otro, en suave acariciar, en devoto ritual de quitarse las ropas frente a una mujer dispuesta que los observa complacida, como lo estaba yo a esa hora de aquél mayo lejano.



Marion desabrochó sus pantalones siempre observándome y poco a poco fui descubriendo las formas de ese hombre perfecto, que se me mostraba y se me ofrecía tanto como yo lo estaba ante él. Sentía que no podía siquiera moverme embelesada ante tal belleza. Ahí, en la cama, apenas observaba cómo Dysan acariciaba la espalda de Marion y cómo era la desnudez de un hombre, sus hombros, sus pectorales, sus abdominales y un miembro enhiesto y desafiante en cuya punta brillaba una pequeña gotita.



Es tuya ahora, recuerda, hazla mujer para mí – Le susurró Dysan al oído.



Ya ni siquiera pude asustarme, sí, me había gustado el placer, me había fascinado la sensación experimentada y ver su cuerpo desnudo sólo acrecentaba mis ganas por más.



Sí, hazme tuya Marion...



Así mi dulce amante se acercó y primero deshizo mi moño en un hábil pero suave movimiento, luego, tomó el borde de mi vestido y rompió las florecillas que descansaban en mis hombros liberando el torso y dejando a la vista mi corsé. Como si se tratase de una hoja, levantó mi cuerpo y con facilidad pasmosa me despojó de la falda, los fondos y el armador, dejándome apenas las enaguas blancas.



Dysan tomó la silla que tenía frente a mi amplia peinadora y la puso justo frente a la cama, con el espaldar pegado al borde; se despojó de la capa y la chaqueta para estar más cómodo quedándose solamente con la camisa entreabierta y luego, se sentó a piernas abiertas, como si estuviera montando un caballo, cruzó los brazos sobre la fina madera tallada y posó su hermoso rostro sobre ellos poniendo toda su atención en el espectáculo que estaba a punto de presenciar. Verlo ahí me excitó aún más y le pregunté que por qué no se acercaba, se rió cruelmente y me dijo:



Cuando finalmente te tenga para mí no habrás deseado ofrecérteme tanto, gatita virgen.



Lo miré con odio y me di cuenta de cómo inspirármelo le satisfacía, porque me guiñó el ojo mientras me regalaba una de esas hermosas sonrisas perversas. Tomé a Marion por la nuca y lo atraje a mi cara en un intento brusco de darle un beso sólo para desafiar a Dysan pero mi dulce me tomó por la muñeca y me dijo:



Querida mía, acá las acciones las dispongo yo...



Me sorprendió su actitud, él siempre tan sumiso, tan suave, tan tímido... ¿qué le había hecho?
¿Qué le has hecho monstruo?- dije sin poder evitarlo.



No me ha hecho nada Sasha – dijo tomándome ahora también la otra muñeca y atrayéndome hacia sí con fuerza- tú siempre deseaste un hombre ¿verdad?, un hombre con todas las letras, un hombre que te despertara la pasión, un hombre que te llevara de la mano ¿no es cierto?, pues mírame Sasha, él no me ha hecho nada ¡me lo has hecho tú!



Y acto seguido me plantó un beso salvaje y soltó mis muñecas tan sólo para romper el corsé y las enaguas; acto seguido, se posó sobre mí obligándome a tomar una posición totalmente horizontal bajo su peso en mi cama. Pero poco a poco sus movimientos y su beso fueron suavizándose. Sentí cómo su corazón se desbocaba sobre mi pecho y sus labios comenzaron a rozar los míos mientras sus manos emprendían caricias en mis piernas de abajo hacia arriba por los costados.



Suspiros comenzaban a salir de sus labios y los míos y su cuerpo resbalaba sobre mi piel con tanta delicadeza que todo lo sentía yo como un roce de pétalos; pronto su boca abandonó el beso para dirigirse a mis mejillas, mi mentón, mis orejas que lamió y mordisqueó sublimemente, pero con pasión. Sus manos viajaban ahora por mis ingles y se acercaban en suave masaje a mi entrepierna húmeda, latente y excitada. Cuando sentí sus dedos abrirse camino desde arriba entre mis labios vaginales, emití el primero de los mil gemidos que esa noche escaparon de mi boca e intuitivamente abrí mis piernas para sentirlo mejor.



Eso es gatita, disfruta, entrégate, Marion es el mejor amante que podrás tener.



La voz de Dysan acompañándonos continuamente, lejos de molestarme, me encendía cada vez más, era como si el deseo tuviera estampa de ángel oscuro y nos ordenara a viva voz lo que nuestros cuerpos ansiaban con locura.



Al abrir mis piernas, la mano diestra de Marion pudo viajar a sus anchas por mis pliegues húmedos y encontrar el punto de placer que hasta ese momento era desconocido para mí. Un pequeño gritito se escapó de mi garganta ocasionando un gemido de placer del "dulce", quien prestamente, se dedicó a presionar con la yema de su dedo medio sobre el botón floreado que se hinchaba y se endurecía más ante su caricia, tanto como su miembro que sentía arder y latir apretado a una de mis piernas.



Por instinto, comencé a balancearme para lograr una fricción más intensa y con el movimiento, involuntariamente, también frotaba mi piel sobre su sexo. Marion comenzó a moverse con locura y su mano libre apretó mis senos alternativamente, provocando con su roce que de nuevo unas oleadas de placer me fueran invadiendo de manera incontrolada.



¿Qué estás esperando Marion? – De nuevo Dysan marcando el ritmo de los acontecimientos – la gatita quiere pasar el umbral y puedo sentir cómo te domina con sus movimientos.



La rabia se notaba en su áspero tono de voz y ahora fui yo quien le regaló una sonrisa perversa y pensé, para que lo leyera, "es mío Dysan, es mío". Noté cómo era ahora él quien me veía con odio y entendí por qué le gustaba tanto inducírmelo; el odio es, en el extremo opuesto al amor, el único puro sentimiento que puede comparársele y a seres como nosotros nos complace divinamente provocar todas y cada una de las más intensas pasiones.



Marion hizo caso omiso a lo que estaba sucediendo y que yo sabía bien que él percibía. Suavemente se fue posando entre mis piernas y sentí el roce de su pelvis en la mía mientras, hambrienta, intentaba morder sus hombros y su cuello. Al sentir el roce de mis dientes Marion se separó un poco y con extrema dulzura me vio a los ojos y me sonrió para luego decirme:
Ya morderás mi Sasha, ya te daré de ésta, mi sangre, que durante años ha corrido tan sólo por ti. Ahora siente el placer que te invade, ahora siente cómo te hago mía y con la fuerza que siempre has tenido, soporta la llegada de la muerte dándole paso a otra vida.



Y con su glande comenzó a acariciar de arriba hacia abajo entre mis labios vaginales para prepararme y enardecerme aún más los sentidos. Levemente fue introduciendo el bálano y yo me iba abandonando a una nueva sensación que esa noche se me mostraba. No sentí dolor mientras se introducía, como decían las viejas beatas; incluso pensé fugazmente que lo hacían para que una tuviera miedo y no se atreviera hasta que ya no hubiera más remedio; pero, de repente, sentí que algo frenaba su trayecto y la escuché la voz de Marion que decía.



Ahora mi dulce amor, prepárate...



Y empujó con fuerza hacia mi interior provocándome un agudo dolor y la sensación de que algo se rasgaba en mi interior. Grité justo antes de que Marion tapara mi boca con un beso y comenzara a moverse muy lentamente adelante y hacia atrás. Poco a poco mi cuerpo fue dando paso del dolor al placer y mis caderas comenzaron a bailar al compás de las suyas. De nuevo las oleadas me invadían pero esta vez de modo más intenso, experto, Marion se pegaba fuertemente a mí en cada embestida estimulando mi clítoris con roces de su pelvis y apretando mis glúteos con una pasión que me contagiaba y dirigía mecánicamente mis manos también a sus nalgas.
Cuando el placer alcanzaba las puertas del éxtasis y nuestros cuerpos se desataban en furias lujuriosas uno sobre el otro, Dysan nos dio el pico intenso para que perdiéramos ambos los sentidos bajo su orden:



Drénala Marion, drénala para mí.



Ahora mi mente divaga en los sucesivos acontecimientos, quiero abandonarme a estos recuerdos, luego continúo.




28 de mayo de 1876



De nuevo los dos filos en mi cuello y el torrente desatado hacia su boca. Los movimientos se aceleraron de manera sobrehumana, al igual que el éxtasis, que en sucesivos estallidos nos hizo reventar el cuerpo y el suyo. Acabamos desesperados en fuertes orgasmos que nos quebraron las voluntades. Sentí cómo se me iba escapando la vida y en esa sensación mi cuerpo explotaba hasta el paroxismo. En la línea de la muerte todos y cada uno de los corpúsculos del cuerpo se enardecen, los cinco sentidos luchan entre intentar percibir y entender y mantenerse aún activos, y en esa lucha, el cuerpo dividido, llega a lugares insospechados y el éxtasis es una cima que no se puede describir con pobres palabras.



Lámele la herida, ahora es mi turno- escuché casi desmayada.



¿Qué dices Dysan? ¡se puede morir! – vi la expresión desesperada de Marion al pronunciar estas palabras.



Tú escoges Marion, o me la otorgas así como está o te domino para que juntos la veamos morir lentamente.



En mi agonía ni siquiera el miedo tenía las puertas abiertas. Apenas concentré fuerzas en pensar unas palabras para Marion y que él las pudiera captar de la débil señal de mi mente: "Sálvame Marion, esta vez tú no te le enfrentes. Sálvame mi dulce, has lo que dice".



Y vi como con dolor Marion se levantaba lentamente, un suave beso depositó en mis labios y acarició mi mejilla con su mano. Me miró con ternura y me dijo:



Esta vez mi amor debes ser más fuerte que siempre, no me decepciones y mantente viva que pronto pasará y serás nuestra compañera.



Intenté sonreír y aspiré lo que pude de su perfume para aferrarme con fuerza a su esencia. Me sentía morir, mis miembros parecían no existir más en mi cuerpo y mi corazón apenas daba esbozos de aún mantenerse en funcionamiento. Se apartó de mi cuerpo para darle paso a mis ojos a la visión del cuerpo de Dysan, que en el escarceo se había desvestido completamente. Supe en el instante lo que se proponía y pensé "Te odio Dysan, te odio con toda mi alma" y para sorprenderme aún más escuché claramente en mi mente sus pensamientos transmitidos que decían "Yo también te odio mi dulce gatita, yo también", y en nuestras miradas inyectadas en odio nos reconocimos en silencio...



Ordenó a Marion mantenerse al margen o salir de la habitación. Apenas pude percibir, mientras mi visión se iba nublando, que Marion se quedaba junto a la puerta, vigilante y nervioso.
Mañana enfrento éste, el momento culminante de esa noche.




29 de mayo de 1876



Dysan me tomó como si yo no fuera un cuerpo sino una piel llena de aire, liviana de sangre, liviana de vida. Su tacto frío recorrió mi piel invasivo, duro, firme. Me miró a los ojos con una victoria violeta centelleante que me poseía, me llenaba de rabia, me humillaba, me doblegaba. Una lágrima escapó de mis ojos y él sacó su lengua rosada para lamerla en apenas un roce imperceptible para luego decir:



Bebo tu rabia Sasha Dupont, bebo la esencia de todos tus odios guardados, desde niña, hacia este mundo de hombres que, a tu pesar, te domina. He bebido de tu altivez durante mucho, mucho tiempo y no, no era tu sangre, era esta lágrima humillada la que quería para mí.



Mi sorpresa seguramente sólo se equipararía a la que estaba sintiendo Marion en ese momento. Dysan sabía de mí, Dysan estuvo a un paso de mis sombras durante toda mi vida y me odió como todos, menos mi dulce, siempre me habían odiado. Dysan Plump no hace nada improvisado, Dysan Plump todo lo calcula. Dysan Plump me odiaba porque yo era lo que él aborrecía de sí mismo. Esa noche lo supe, en ese instante. Al leer el diario de Marion me impresionó encontrarme con la frase "ahora tu ser y tu sangre llena de pasiones reprimidas son míos..." y entendí su confesión velada antes del posterior castigo: "bebo la esencia de todos tus odios guardados"; Dysan era un verdadero vampiro y, de los tres, es el que continúa siéndolo en realidad; él no bebe simplemente la vitae que corre por las venas humanas, él bebe esencias y escoge para sí aquellas que le recuerdan que alguna vez fue humano. Marion y yo explotábamos su humanidad, su deseo mundano de compañía, sus pasiones, sus amores; todo a cuanto él se negaba; por eso nos convertía en él y esa noche erigía su victoria sobre sí mismo, una noche esperada por años de vigilarnos, de acecharnos, de conocernos y de amarnos. Dysan Plump al mismo tiempo sucumbía y ganaba en su juego eterno.



Me lo confirmó la rabia y la suavidad con la que me profanó interiormente luego de su confesión. Se acostó en la cama, y me acostó sobre su cuerpo, pero de espaldas a él. No quería que viera su rostro, no quería que adivinara nada en su expresión, y no quería verme. Estando así, casi muerta, él me penetró fieramente y me apretó los senos, el vientre, la vulva. Abrió mis piernas para tocarme entera mientras su miembro entraba y salía sin piedad de mí y yo, desfallecida, rebotaba con cada embate, con cada golpe de su pelvis en mis glúteos. Me dolía, me humillaba; una baratija parecía mi cuerpo resbalando sobre el suyo, sin fuerzas, agonizante. Nada de placer esta vez, nada de éxtasis, sólo dolor, sólo rabia y deseos de morir. Sí, en ese momento realmente deseé morir y acabar con todo, en ese momento reconocí mi vida de falsedades, mis rechazos a los afectos humanos y mi negación a sentir hasta el amor que Marion siempre me había provocado, pero que no me podía permitir porque me debilitaba, porque él era un sumiso, un cobarde. Esa noche entendí que ellos no eran los monstruos, era yo... Y pensé :"hoy, Sasha, debes morir..."



De nuevo dos filos en mi cuello desgarrando carnes, rompiendo realidades, extrayendo al monstruo... y el placer, he ahí que de nuevo me invadió el placer, pero no era el mío, Dysan me trasladaba su sensación de bienestar, Dysan evitaba que sufriera mi muerte. Y en mi mente la voz de Marion: "Resiste Sasha, resiste mi amor". Lo penúltimo que mi cuerpo vivo sintió fue el derramar de Dysan en mi interior y, al mismo tiempo, su lengua firme y caliente ahora, cerrando mi herida en una sublime pasada.



El resto aún son imágenes caóticas que se me arremolinan en la mente: Marion tomándome, abrazándome fuerte y la sensación de odio que le emanaba de los poros. Dysan alisando la cama, colocando los almohadones apilados en la cabecera. Los dos a un lado y otro arrodillados alrededor de mi cuerpo, Dysan mordiendo la muñeca de Marion, Marion la de Dysan y sangre derramándose directamente a mis labios en un manar conjunto. Sus manos unidas sobre mi rostro y desde la misma fuente sus esencias cayendo en mi garganta.



Lo último que sentí como humana fue una lava lacerante que me invadía, bajaba por mi laringe, mi esófago, mi estómago. Invadía caliente y viscosa cada punto, cada órgano, cada nervio. Y el corazón. Mi corazón comenzando a desbocarse de nuevo, desesperado, acelerado, agitado. Tun tun, tun tun, tun tun, retumbaba en mis oídos y el aire se me iba escapando, y las manos adquirían fuerzas para aferrarse a la cama y mi sed aumentaba y aumentaba. Quería más, siempre más...



Animal, tomé las dos muñecas e intenté pegarlas a mis labios, chupar salvajemente lo que mi alma pedía a gritos para calmar esa sed de 25 años sin sentido, de 25 años vacía, de 25 años muerta. Y al beberlos supe que finalmente los tres éramos iguales, éramos partes de un todo que en ese momento calzaba de nuevo sus piezas, humanos muertos que en la no-vida encontraron su renacimiento.

Amores inmortales - El beso de la muerte I (La mirada de Marion)

25 de marzo de 1776

Hoy la vi de nuevo, cada día está más hermosa y mucho más desde que dejó el luto por la extraña muerte de su hermano. Esta tarde vestía de vino tinto, un color escandaloso que combina perfectamente con su piel de alabastro. Me encanta su estilo irreverente, la manera en que enfrenta a las viejas beatas mostrando parte de su pecho y sus brazos en su largo vestido, sin embargo, nunca se ve vulgar, es tan refinada, tan hermosa. No se imagina lo que me duele que no repare en mí; hoy nos cruzamos cuando le compraba telas a mi hermana, ella escogía una seda blanca con bordados dorados, estábamos prácticamente frente a frente y ni siquiera me precisó, salió del local sin verme y yo no hacía otra cosa que detallar sus formas escondidas en el gran vestido exquisitamente entallado en su torso, cayendo en gran campana sobre sus piernas y la perfecta combinación de sus guantes con el bordado blanco de los extremos del vestido. Pero no me vio. Ella sólo habla conmigo cuando quiere venderme algún esclavo... por cierto, hoy encontraron otros dos esclavos muertos en el río, todo el mundo está desconcertado; algunos piensan que ha llegado la peste, pero yo no lo creo, los muertos que encontramos nunca presentaron síntomas de ninguna enfermedad. Menos mal que todas las semanas llegan barcos atestados de nuevos negros, pero ya se está haciendo necesario investigar de qué se están muriendo porque estamos destinando demasiado dinero de la cosecha de azúcar en esclavos; bueno, eso a mí no me importa mucho, pero a ella y a los otros productores de azúcar les está mermando la fortuna. Debo ayudarla, mañana iré a su hacienda a ponerle mis esclavos a la orden, compartirlos me dará la oportunidad de hablar con ella más seguido. ¡Si tan sólo pudiera enamorarla!.


26 de marzo de 1776


Quiero morirme, nunca lo había deseado tanto como hoy. ¿Por qué tenía que preguntarle por la tela de seda blanca?, soy tan estúpido que nunca reparé que esa tela era perfecta para un vestido de novia y yo que sólo quería que ella se diera cuenta de que nos cruzamos en la tienda... pero ni siquiera reparó en eso, muy risueña me respondió que la disculpara, que estaba demasiado concentrada en comprar la tela para SU vestido. Se me casa... un francés recién llegado me la enamoró. Tengo tanta rabia por dentro, me odio por ser tan insignificante, odio que todos me vean con la ternura de la lástima desde que mis padres murieron y tuve que encargarme de esta plantación y de mi hermana que además ¡también se va a casar!, me he quedado solo ¡maldita sea, me he quedado solo!...


29 de marzo de 1776


Pensé que encontraría la paz en la muerte pero, aún deseándolo tanto, no encontraba el valor para cortar mis venas, por más que tomara una y otra vez el puñal entre mis manos. Por eso salí a tomarme todo el vino que los bares pudieran darme para inyectarme el coraje que nunca tuve.
Ahora llevo dos días recaudando las imágenes para poderlas describir, bueno, dos días no, dos noches realmente, porque desde que me enteré del matrimonio sólo he podido vivir de noche y sólo así podré hacerlo el resto de mi existencia. Hoy la vida para mí tiene otro concepto, no estoy vivo y no estoy muerto, pero mejor lo explico tal cual sucedió:


Esa noche lleno de ira me fui a un bar y pedí una botella de vino, me la bebí completa y pedí otra; siempre apretando el puñal en mi cinturón, siempre intentando acumular el valor para darle fin a esta vida que se me antojaba inútil sin ella. Y lloraba, lloraba como sólo un hombre profundamente herido puede hacerlo.


Repentinamente escuché sus burlas, justo al mismo tiempo que se sentaba en mi mesa sin ser invitado, con una sonrisa socarrona. Al principio me sorprendió su piel casi transparente, pero no me importó nada más cuando me preguntó si disfrutaba ir por ahí dando lástima. Vi en sus palabras mi oportunidad, tenía que admitirlo, yo no me atrevería nunca a terminar con mi vida, así que ante la "afrenta" podía simplemente retarlo a un duelo donde él tendría la misión de terminar lo que yo no me atrevía. Decidido lo abofeteé y me puse de pie frente a él que no hizo otra cosa que soltar una carcajada y empujarme para hacerme caer de bruces delante de todos. En mi borrachera no podía ni mantenerme derecho y para poder levantarme me agarraba de todo y de todos. Un espectáculo totalmente decadente. Hice un gran destrozo y él no paraba de reír, hasta que el dueño del bar no soportó más y me echó del lugar como a un perro.


Maldije mi vida, maldije mi amor, maldije mi cobardía y así, maldiciendo y con el puñal en mi mano, me encontró Dysan, mi burlón rival, tirado en el suelo, fuera del bar. Pero tenía otro talante ahora, ya no era burlón, ahora simplemente sonreía malévolamente, con una sonrisa que parecía de satisfacción, observándome con mucha atención, como si me estudiara. Cuando ya me empezaba a incomodar su penetrante mirada, de hermosos y asombrosos ojos violetas, se acercó a mí suavemente y me susurró al oído: "acepto, pero con tres condiciones".


Yo mismo no me lo podía creer, mi piel se erizó con su aliento tan frío y su cercanía tan magnética; era un hombre fascinante, su voz era suave, pero sonaba tan distante, como fuera de este mundo; su aliento, como ya dije, era helado, pero lo que más me sorprendió fue el frío de sus manos, que percibí cuando tomó las mías y me hizo levantarme casi sin esfuerzo; las solté inmediatamente pero en mi confusión y mi aletargamiento etílico, de todas las dudas que se me arremolinaban en la cabeza, sólo atiné a preguntarle cuáles eran sus condiciones. Además de la embriaguez de la que ya era víctima, este hombre ejercía una fascinación particular en mí y yo no podía resistirme.


Pausadamente, como si recitara un poema de amor, me dijo: "Una: estaremos completamente a solas, dos: sin padrinos y tres: si tú ganas podrás obtener de mí aquello que desees pero, si gano yo, podré pedirte lo que me plazca y te verás obligado a cumplir". Me sorprendió que sus condiciones fueran tan absurdas y se lo dije, en un duelo a muerte quien gana simplemente sigue vivo, tal vez con alguna propiedad o todas del vencido, y con su dignidad intacta; quien pierde estará demasiado muerto como para complacer ningún otro antojo del ganador, pero una vez más sólo sonrió y me dijo: "sígueme". Y lo seguí...


Va a comenzar a amanecer, seguiré la historia en la noche.



30 de marzo de 1776


Hasta ahora me ha gustado mucho el sabor de las mujeres que he probado, pero estoy seguro de que ninguna podrá ni siquiera acercarse a lo que debe ser el dulzor de Sasha con ese cuerpo lleno de coraje, de pasión en la sangre; se le nota la gallardía en sus ojos, que ahora veo tan diferentes, hoy puedo ver en ellos una lejana melancolía. En este momento sé que, si yo me hubiera dedicado a darle protección ella se hubiera enamorado de mí; lo único que ella podría admirar en un hombre es la fuerza y la capacidad de llevarla de la mano por la vida, a su altura; un hombre que fuera tan firme y decidido como ella, que tuvo que encargarse de su hacienda sola, siendo la única mujer entre tanto hacendado varón, como les gusta decirse a sí mismos, desde que su hermano murió. Yo era un patético sumiso ante sus ojos, un muchacho que sólo aceptó los designios del destino y se convirtió en una sombra que vendía azúcar y compraba esclavos para darle de comer a su hermana y vestirla con los mayores lujos, sin si siquiera preocuparse por sí mismo... ella no, ella no es así; siguió adelante con su plantación pero jamás se abandonó, cuida de sus padres, muy ancianos y muy enfermos como para encargarse ellos de todo; cuida de la casa, cuida del azúcar, cuida de los esclavos y de ella misma mucho mejor de lo que lo hacía su hermano. Hablando de su hermano, ya sé que no estaba borracho y no fueron unos maleantes los que lo mataron sin, extrañamente, robarle nada, ella también lo sabe, mas nunca ha dicho nada. Pero se me está pasando el tiempo y debo escribir lo que dejé anoche por la mitad antes de que el sol amenace de nuevo con quemar mis entrañas.


Dysan me llevó a un paraje oscuro y yo me sentía guiado por el camino a la muerte e internamente me despedía de todo cuanto veía. Caminábamos bordeando el río. A través de los largos árboles sólo se podía distinguir el reflejo de la luna llena que parecía seguirnos vigilante. Yo, entre mi borrachera y la oscuridad, tropezaba con todo, pero él caminaba ligero, sin dar un mínimo traspié, como si se supiera el camino de memoria o como si viera todo perfectamente, cual gato, en la lúgubre oscuridad que nos rodeaba. De repente se detuvo en un claro donde no había árboles y la luna era nuestro único techo, alumbrando levemente su rostro que parecía fulgurar.


Supe que había llegado el momento y saqué mi puñal, él soltó una sonora carcajada y se abalanzó sobre mí sin más armas que la fuerza increíble de su cuerpo, dominándome fácilmente y arrebatándome, con asombrosa velocidad, el arma. Quieto y casi aliviado, me quedé esperando resignado el frío filo cruzando mi pecho, con los párpados apretados de miedo y el aliento escapando estremecido. Pero lo que sentí fueron más bien dos filos, muy pequeños, que penetraban mi cuello desnudo y me iban sacando la vida en dos flujos acelerando abruptamente los latidos de mi corazón, en un trance que, lejos de desconcertarme o llenarme de miedo, me hacía abandonarme a un placer jamás sentido. Mi cuerpo perdía fuerzas pero, al mismo tiempo, sentir los torrentes de mi sangre manando hacia aquella boca, hacía cosquillear mi vientre y ocasionaba espasmos de placer en mi miembro, ya erecto, acariciándome con una paz siempre buscada.


Cuando ya el cosquilleo comenzaba a cesar y esperaba impaciente el estallido final, Dysan se detuvo y cayó a mi lado poseso, con los ojos desorbitados e inyectados en sangre y jadeando como si hubiera perdido todo el oxígeno. Poco a poco se fue calmando mientras yo agonizaba, ya casi sin fuerzas, pero terriblemente excitado aún. Se acercó a mí y me rozó con el dorso de su mano la mejilla; ahora se sentía tibio, suave, y su rostro estaba enrojecido, como una doncella enamorada al ver a su amante. Me dijo: "Soy Dysan Plump y soy vampiro, he ganado querido Marion Hansen, ahora tu ser y tu sangre llena de pasiones reprimidas son míos...". Entendí entonces por qué había aceptado el "duelo", no sólo mostraba conocerme, sino que sabía de antemano que ganaría; entendí también sus ya no tan absurdas condiciones: "si yo gano podré pedirte lo que me plazca y te verás obligado a cumplir". ¡Y vaya que pidió!, quería mi alma; me dijo que me seguía y estudiaba desde hacía tiempo, que sabía todo de mí. Me confesó que mató al hermano de Sasha en su afán de destruirla por robarle mi amor y que había corrido con mucha suerte al haber tenido la idea de comprometerse con el francés, porque como ella se empeñaba en seguir altiva y de pie, sin rendirse, como lo hubiera hecho la mayoría de los patéticos mortales, ya pensaba dar el próximo y definitivo paso de matarla. Me dijo, con increíble ternura, que él sería mi consuelo, que nadie me amaría tanto como lo hacía él y que ahora en mis manos estaba la decisión de terminar de morir o convertirme en su compañero eterno; no sin antes recordarme el trato, estaba obligado a cumplir por honor.


Juro que quise gritarle que era un tramposo, que nunca lo amaría como amaba a Sasha, que él me había llevado a un juego que de todas todas sabía que yo iba a perder y que quería morirme, sí, que quería la muerte. Pero no, ni siquiera en ese momento encontré el valor y no me atreví. Aún era humano y me aferraba a la vida como todos, aún era mortal y las palabras suaves de amor me fascinaban, aún la belleza me conmovía y en ese momento no había ser tan hermoso como Dysan; aún tenía convicciones morales y debía cumplir el pacto convenido. Lo miré, ya comprendiendo quién era y lo que me hacía sentir, y le dije: "bésame Dysan, dame el beso de la muerte".


Tan sublimes mis palabras y él sólo se echó a reír: "has leído muchos cuentos tontos de vampiros Marion, las cosas no funcionan de esa manera tan cursi, no es así, pero si deseas que te bese bien puedo hacerlo, no tengo ningún problema". Efectivamente me besó mientras se abría una herida en el costado izquierdo de su pecho con el puñal; yo me deleité en su beso, su lengua buscándome, sus labios carnosos, de seda, abarcando los míos. Pero fue su casi imperceptible gesto de dolor al cortarse con el puñal lo que me excitó increíblemente; ese leve fruncir del ceño, sentir que sus labios se apretaban un poco más y el ligero quejido seguido por su orden: "bebe". Y bebí, tomé la sangre directamente de su pecho, esa sangre mezclada con la mía. Me di cuenta de que lo que acababa de sentir minutos antes no se comparaba con este placer, su corazón latía con fuerza reflejando las vibraciones en mis labios sedientos y el mío se iba acompasando rápidamente a ese latido. Acabé copiosamente, en convulsiones descontroladas que me despegaron de su pecho justo para notar que él también se había venido en placer. Fue así como me convertí en vampiro.



23 de abril de 1776


Hoy mi Sasha contraerá matrimonio, justo casi un mes después que abrí mis sentidos y me di cuenta de lo que realmente significa amar. No conoces la verdadera entrega hasta que no bebes la sangre del ser que amas y le haces beber la tuya, lo supe medianamente con Dysan, no he sentido el mismo placer desde que bebí su vitae y yo, ciertamente, no lo amaba para ese momento, por lo menos no como ahora. Pero ese ritual no podemos repetirlo hasta otra luna llena, el único día del mes que podemos exponer nuestra propia sangre sin riesgo de morir; la luna es como nuestra madre protectora, ella nos quita fuerza y nos la da, aunque ante los mortales siempre seremos más fuertes, por más débiles que estemos; "superiores" como dice Dysan.


El problema es que la primera luna llena la quiero a ella, quiero que ella me posea y quiero poseerla, no pienso en otra cosa. Dysan lo sospecha y presiento que quiere matarla. Estoy aterrado porque él es mucho más antiguo y por lo tanto tiene más poder que yo, así que no puedo pensar siquiera en enfrentarlo; sin embargo, no estoy dispuesto a permitir que extermine a mi amada.


Pero hoy me preocupa otra cosa, se me casa mi Sasha y no lo podré evitar, ¡justo decidió casarse al mediodía, cuando nuestro peor enemigo está en su máximo apogeo!; pensaba matar al francés ayer y beberme su sangre en la cena, pero Dysan muy astutamente le insistió a mi hermana que preparara un "banquete sorpresa" para mí y así me tuvo preso toda la noche, haciendo lo que un vampiro más detesta: simular que está comiendo. Mi hermana está encantadísima con mi "amigo de las afueras" que está manejando mis finanzas luego de perder trágicamente a su familia en un incendio; creo que la pobre se está enamorando de él y Dysan se aprovecha de eso para mantenerme alerta y a su lado vigilando. Una vez me dijo "el mismo amor que me inspiras corre por la sangre de tu hermana", a veces realmente lo odio por eso, no sé si por celos o porque bajo ese chantaje me puede mantener controlado. Ahora me concentro en adelantar el matrimonio de ella y que se vaya de una vez, lejos de mí, pero sobre todo lejos de Dysan.


¡Maldita sea y yo que no puedo evitar el matrimonio de Sasha!


24 de abril de 1776


No dejaré que el francés posea a Sasha, ¡ella es mía!. Se lo he dicho a Dysan y, contrario a lo que me imaginé, no se perturbó, sólo me dijo que hasta que no me despegara de mi lado humano sería un vampiro menor. Me dolió su indiferencia y que me calificara de esa manera, yo creía que me amaba locamente, pero ni siquiera se molestó cuando le dije que mataría al francés a sangre fría y me libaría toda su sangre lentamente, sorbo a sorbo; apenas sonrió de lado y hasta me pidió que compartiéramos la sangre del tipo, que tenía tiempo que no bebía sangre francesa pura y que suele ser como sus vinos, las más dulces y exquisitas.


Pero no me voy a dejar vencer por su indiferencia, sé que es una treta, Dysan es fascinantemente astuto, está jugando con mis sentimientos mortales, pero ya estoy asumiendo mi nuevo estado; él no sabe que ya no es sólo mi amor por Sasha lo que me mueve a matar al francés, es que no puede un simple mortal ganarme el objeto de mi deseo, no, mi poder es infinitamente mayor y se incrementa cuando siento ira, además, si me hubiera dado la gana de seducir ahora a Sasha lo hubiera logrado, sólo no lo he hecho porque no me quería valer de mi poder vampírico para eso y no quiero comprometer su reputación; sin embargo, sé que Dysan tiene razón, tengo que librarme completamente de mi lado humano porque me impide jugar con mi nuevo poder sobre los demás; la raza mortal cada vez me parece más patética, sólo ella, mi Sasha, me interesa, ella es superior, como nosotros, y es el objeto de mi deseo... ¡el francés tiene sus tristes horas contadas!


25 de abril de 1776


Lo logré. El francés no pudo poseer a Sasha, pero no tuve que matarlo yo, Dysan lo hizo por mí, me dijo que era un regalo y me trajo su cuerpo para que bebiéramos de su sangre juntos. Tenía razón, su sangre me recordó los mejores vinos franceses. Definitivamente Dysan sabe como enamorarme. Hoy es luna llena pero puedo esperar ahora tranquilamente a la próxima para beber de Sasha; hoy mi sangre será para Dysan y la suya mía. He preparado todo, le dije que tomara uno de mis esclavos (siempre toma los de los vecinos, nunca los míos) y yo haré lo mismo, porque nuestra sangre no es alimento y debemos estar fuertes, nuestra sangre es sólo para hacer el amor como ni siquiera el más sublime mortal puede imaginarlo. Sólo un vampiro sabe lo que es la verdadera entrega.


22 de mayo de 1776


Sasha ya sospecha de nosotros lo sé, los esclavos le han ido llevando noticias de nuestro comportamiento extraño y ella no ha parado de investigar desde la penosa muerte de su esposo; en estos días me dijo irónicamente que le había extrañado mi ausencia el día del matrimonio de mi hermana, quien felizmente ya abandonó mi casa con su esposo y se olvidó de la mala idea de amar a Dysan, claro, todo gracias a una ayudita de mi poder de implantar órdenes que parecen "voluntarias". He crecido rápidamente a nivel mental, según Dysan mi punto flaco es el físico por estar todo el tiempo pendiente de Sasha y gastar mis energías en ella, pero es que ella no para de sorprenderme, su alma es indestructible, tarde entendí por qué Dysan mató a su francés, supuso que esto la destruiría de una vez, dos muertes cercanas en tan poco tiempo serían suficientes para desvanecer las fuerzas de un mortal, pensaba Dysan, que aún no sabe que ya aprendí la capacidad de leer los pensamientos y cerrar los míos poniendo otras imágenes encima, por eso debe estar más calmado. Pero Sasha, mi eterna amada, no desfallece, sin embargo su mirada, que antes sólo expresaba una lejana melancolía, ahora está cargada de odio, sabe que Dysan y yo somos responsables de la muerte de su esposo pero no tiene la certeza. Dysan no se preocupa, para él es una simple humana, con una fuerza que empieza incluso a atraerle, pero nada que represente peligro, sin embargo a mí sí me inquieta, no sé por qué pero siento que no debemos subestimarla, sé que está muy cerca de descubrirnos.


24 de mayo de 1776


Hoy es el día, Dysan y yo decidimos compartir a Sasha, hoy es luna llena, esta noche ella sabrá lo que es amar y ser amada, no me sorprende que Dysan se haya fascinado con ella, me lo confesó anoche, y ni siquiera me da celos ya, he comprendido que el amor de un vampiro es infinito y estoy convencido de que nadie, ningún ser, es capaz de vivir tan intensamente, aunque sea después de la muerte y de dejarse sentir libremente las emociones más profundas, desde el odio hasta el amor. Esta noche le mostraremos eso a Sasha. La cita está marcada: a media noche, con nuestra madre como único techo, Sasha será nuestra.




***



"Acá termina el diario de Marion Hansen, el vampiro. Nadie supo a ciencia cierta qué pasó, entre los esclavos se rumoraba que ‘La Dueña’ era una bruja maligna, que ella era la responsable de todas las extrañas muertes y desapariciones que se ocurrieron en las plantaciones de azúcar de Nueva Orleáns en el siglo XVIII y no estaban tan equivocados. Una noche de luna llena, la misma en la que termina el diario, la mítica ‘Dueña’ que estudiamos hoy, cambió radicalmente su comportamiento y su aspecto. Nunca nadie la vio envejecer y un buen día desapareció inexplicablemente dejando como única explicación a sus esclavos que tendrían un nuevo dueño y que la señora Sasha Dupont Baros había sido atacada por una terrible enfermedad que la obligaba a abandonar las plantaciones si se quería recuperar. Pero, se preguntarán qué pasó con Marion Hansen y Dysan Plump, pues desde esa noche nadie más los vio, los esclavos dicen que los vieron entrar en casa de la ‘Madame’ pero nunca más los vieron salir."


Todo esto lo decía la profesora de la cátedra de Misterios y leyendas de la Edad Moderna. La clase terminó con rostros desilusionados de chicas que esperaban ver consumado el amor de Marion y Dysan por Sasha, y de chicos molestos porque no entendían qué pasó con los dos fuertes vampiros y cómo era posible que la apodada "La Dueña" sobreviviera a ellos, pero de pronto todos los alumnos comenzaban a sentir el sueño que les atacaba siempre al final de la clase de la profe Saskia, ¿por qué será que siempre tenían que ser tan tarde en la noche?.

Entrega de Sangre



(Recomiendo leer el relato escuchando "Le Roi est mort, Vive le Roi!" de Enigma, las canciones utilizadas pertenecen a este CD)


Mis pasos fueron guiados a ese bar oscuro, caminaba sin rumbo, sin ganas, cansado ya de buscar libertades que no existen, harto de la vida y de siempre querer algo más de ella sin saber qué; pero es que ella, la vida, otorga cuando quiere y yo ya estaba hasta el cuello de esperarla, de no ser yo quien decidiera.
Entré llevado por la música que salía desde la puerta; suave, con baladros afinados, profundos; una música hipnótica como el halo que emanaba el antro, cada son marcando un latido, un paso, y todos hacia adentro, todos impulsándome hacia ella.


Ella...


Había mucha gente, toda oscura, toda bajo luces imperceptibles, como brillando oscuramente con luz propia, pero nadie brillando como ella en el medio de esa improvisada pista. La música la acompañaba, no al contrario; no, era ella quien la marcaba, la música sonaba al ritmo de su cadencioso movimiento, culebra en pie serpenteando hacia el cielo; sus ojos cerrados, sus brazos bailando estirados hacia el techo. Entregada de un lado al otro y posesa, ajena; ajena a todos menos a mí.


Abrió los ojos para verme, estoy seguro hoy de ello, me sintió como un felino a su presa. Su mirada negra, sobrenatural, la sentí como si tocara cada palmo que recorría de mi rostro y mi cuerpo, juro que sus ojos acariciaron mis cabellos, mis mejillas, mis labios, mi cuello... para luego herir los míos y clavar directo sus dagas negras en ellos. Me sentí poseído, envenenado de ella, envenenado para siempre, literalmente para siempre.


Su energía emanaba pura fuerza y puro dolor, inevitablemente me atraía todo eso, me impulsaban las ganas de acompañar su baile, de entregarme a su oscura aura, de dejarme poseer por su llamado, porque me estaba llamando, sé que me estaba esperando, sé que era yo, irremediablemente yo, quien podría curarla... ¡ja!, curarla, hoy sé que buscaba mi propia cura y que seres como nosotros no tenemos antídoto para liberarnos, más que el sol, ese que tanto detestamos.


***


Ennegrecí su mundo, quise negarme a mí misma que los seres como yo siguen la noche y se espantan con la luz, pero ¡qué atractivos resultamos!. Esas purezas, esos sencillos seres que creen en la felicidad, que creen que siempre hay algo más, que creen en amores dulces hasta la muerte y que andan por la vida iluminando con sus indelebles sonrisas, siempre terminan fascinados por nuestras penumbras. Y nosotros, los de los callejones, los de eternas tumbas en rincones, los iluminados a medias por sonrisas y luces perversas, siempre intentamos salvarlos de nosotros mismos... pero luego de respirar nuestro ensoñador aire venenoso, no nos dejan.


Intenté explicarle que el amor eterno que concibo es ese de una sola noche, a lo sumo de una pequeña temporada; que es eterno cuando trágico, que marca en el alma solamente cuando hiere. ¿Qué marca indeleble no es ocasionada por una profunda herida?, ¿no te dolió el amor? Pues no fue amor, punto. Pero el que yo ofrezco duele más, quise hacerle entender que yo no podía quedarme a su vera, quise hacerle entender lo inentendible; pero me atrapó su pureza como una vez "Aquél" me atrapó en una eterna noche, negra, siempre negra.


Y llegó, llegó a la cita nunca antes pactada. Una noche más en el bar, donde siempre me presentaba a cazar vidas y a reunirme de vez en cuando con otros parásitos como yo; otros que también han soportado tantos siglos y que por ello también andan tan solos: los nuevos nos temen, los mortales nos odian y somos perseguidos hasta cansarnos, hasta no tener más remedio que buscar el sol o esta soledad, esta eterna soledad que hoy sigue siendo mi más fiel compañía.
Sentí el olor de la derrota, ese olor inconfundible que nos caracteriza y nos marca como las mejores víctimas. Su aura, potentemente desesperada, me golpeó al cruzar la puerta y me sacó súbitamente de mis recuerdos, de los hermosos recuerdos de mi no-vida con "Aquél", cuando bailábamos apuntando al cielo, cuando se deleitaba con mi piel y mi sangre, cuando me pedía que nos entregáramos a nuestro mundo "que el de afuera no alcanza".


Recordaba cómo me alzaba en el aire aquel maestro de caricias y besaba mis carnes, recordaba como siempre todo comenzaba en un baile, nuestro baile; suavemente mecidos de un lado al otro mientras dejábamos a nuestros cuerpos rozarse de manera imperceptible, mis nalgas alternadamente tocando su pene bajo el pantalón, mi cabeza hacia atrás, posada en su hombro, y su aliento gélido en mi cuello estirado; mis manos engarfiadas en sus caderas siguiendo los movimientos, sus manos en mis senos masajeando con el ritmo de esa música que eternamente sonaba en nuestras mentes. Y su mordida. Esa firme y suave mordida que me embargaba de placer mientras sus dedos penetraban en mi sexo y mis manos rasgaban la tela que cubría el suyo. Volábamos así, juntos, siempre entregados en cuerpo y sangre, los orgasmos son poco para lo que significa entregarse así... ¡cómo lo recuerdo!, ¡cómo lo recordaba esa noche en mi baile!
Pero el olor del vacío me sacó de mis añoranzas para invadirme de la estampa que justamente estaba en mis pensamientos, ¡tan igual y tan distinto!, su cuerpo delgado, sus facciones fuertes, angulares, su cabello largo, cayendo en desorden por su rostro y sus hombros, negro como el ala de las noches más oscuras, y sus ojos, sus profundos ojos también negros. Como "Aquél", pero vivo, ¡éste estaba vivo!


Y no me temía. Se dirigía a mí decidido, seguro, como quien va y sale en busca de su destino. Triste dejavù. Así fui mansa e hipnotizada a los brazos de "Aquél" cuando lo vi por primera vez en la no-muerte, asombrada por no escuchar ni a mi orgullo ni a mis pudores, ni a mi moral; pero invadida de desidia como estaba poco me importaba en aquél momento nada. La música gritaba en ecos y repetía una y otra vez la misma pregunta:


"I’m asking why?, I’m asking why?"*


Y, como él, danzaba yo esa noche sin esperarme ya otra nueva burla del destino, hasta encontrarme con esos ojos profundos, negros y vivos que avanzaban hacia mí...


¿Por qué bailas sola?


¿Por qué habría de hacerlo acompañada?, además, no estoy sola, nunca estoy sola


Y su amplia sonrisa blanca, casi incandescente, que podría hasta herir mis ojos, "su" misma sonrisa pero esta era limpia, sin rasgos de ninguna perversión. La alerta sonó en mi interior, ya varios habían puesto sus ojos sobre él, mis compañeros de muerte tampoco eran indiferentes al olor de esta víctima. Tenía que salvarlo, tenía que sacarlo de allí.


Sígueme- dije, tomándolo del brazo - Sígueme y no hagas preguntas



***


Hasta el fin del mundo, desde hoy, hasta el fin del mundo, ángel oscuro – Fue mi respuesta mientras comenzaba mi andar detrás de ella, este eterno andar tras ella.


Me llevó a un auto aparcado a unos metros del bar, la puerta del copiloto y del piloto se abrieron apenas al acercarnos, como accionadas por manos fantasmas que nos esperasen, y rápidamente me dio la orden, con voz y mirada de ruego, para que me montara. En mi mente se agolpaban mil razones para aquello, pero ninguna que me evitara obedecerla. Subí al auto y las puertas se cerraron azotadas fuertemente por las mismas manos invisibles, casi justo en el momento que arrancaba ella, asida fuertemente al volante y con mirada decidida hacia el frente.


La velocidad que había alcanzado sólo se comparaba a los remolinos de deseo que surgían de mi alma y el temor terrible a estrellarnos en la primera intersección.


Nos vas a matar a los dos - alcancé a mascullar.


Pensé que querías morir Sean. Por mí no te preocupes, que ya yo no tengo ese consuelo- Me dijo en un susurro que se escapaba de una media sonrisa cínica y triste.


¿Cómo sabes mi nombre?- Pregunté, menos sorprendido de lo que se podría esperar.


Sé mucho de ti. Sé, por ejemplo, que si vuelves a ese sitio no saldrás con vida. Prero ya te dije que no hicieras preguntas – dijo, mientras estacionaba el auto. – Ahora bájate y sigue tu camino, estás en lugar seguro para ti - Ordenó sin verme la cara y la puerta a mi lado derecho se abrió mágicamente de nuevo.


No voy a ninguna parte ángel oscuro. Está bien, no haré preguntas, tan sólo una, ¿cuál es tu nombre? - Espeté casi desesperado.


Sasha... – Susurró - ¡bájate ahora!, este lugar es seguro para ti pero no para mí – Dijo, observando fijamente un edificio, en apariencia abandonado, situado a unos pasos de donde estábamos.


Entonces no lo pienses más, arranca porque no me pienso bajar Sasha...- Dije cerrando esta vez yo la puerta.


***


Arranqué justo cuando les vi salir del edificio. Esos cazadores nos presienten a kilómetros de distancia, era una locura acercarme tanto, pero sabía que sería su única salida esa noche que se encontraba tan perceptiblemente desesperado, y mucho más para olfatos como los nuestros. Pude haberlo impulsado fuera del auto y salvarlo también de mí, pero su voz pronunciando mi nombre, que con tanto recelo me reservo y que consiguió arrancar de mí tan involuntariamente; el calor de su cuerpo cercano, sus ojos aún brillantes, el olor de su adrenalina emanando de sus poros y la sangre... la sangre que veía correr tórrida y viva por sus venas; todo me estaba enloqueciendo de sed, de hambre de él.


Manejé un buen trecho intentando ahogar mis ganas de su sangre en la velocidad que alcanzaba. ""Aquél"" me había enseñado a controlar mis ansias y a concentrarme "si no puedes huir a tus instintos deja que ellos se centren en otro objetivo; corre, corre hasta que no tenga más sentido". Y eso hacía, corría en el auto, concentrada en no percibir el olor de su carne viva, de su sexo deseoso, de la adrenalina que endulzaba magníficamente su sangre a mi olfato...
Los vampiros noche a noche estamos muertos, pero a cambio de tanta muerte y tantas horas perdidas en la eternidad todo aquello que sentimos se intensifica hasta el paroxismo, por eso nuestros deseos son tan incontrolados, nuestros odios tan encarnizados, nuestras luchas tan cruentas y nuestro amor tan entregado. Somos bestias que nos alimentamos de su sangre, humanos, ¿cómo no vamos a ser todo un cúmulo de pasiones?.


Y de esas pasiones me embargaba lo que emanaba de él. Su fuerza, su pureza, su desesperanza... sabía que si no lo alejaba de mí ocurriría lo inevitable.
Debes alejarte, Sean, mientras puedas debes alejarte - dije rompiendo el sepulcral silencio.


No Sasha, tú me llamaste, tú me esperabas y ahora eres tú quien me lleva consigo. Si no tienes la voluntad de alejarme me temo que has perdido, porque yo nunca la he tenido.


No sabes en lo que te metes querido amor, no sabes a quién intentas atrapar...
Dímelo tú Sasha, es lo justo, ya sabes bien quién es tu presa, ángel oscuro...
Já, oscura, sí, pero no ángel; soy bestia, bestia que riega muerte y se alimenta de sangre.


¿Me estás intentando decir que eres un vampiro?


No, no lo intento...


Se quedó un momento en silencio. Una oleada divina de adrenalina corrió por sus venas y mis colmillos empujaban mis labios creciendo de deseos. Pero súbitamente su alma tuvo un cambio, la serenidad de la entrega fue desencadenándose en su cuerpo y vino a mí la imagen nítida de la decisión en su mente. Sonreí como siempre, con mi risa cínica y triste, mostrándole mi complacencia, y lo llevé a mi refugio, también proyectándole en su mente mi decisión tomada.


Me siguió manso y en silencio. Al cruzar el umbral de mi sepulcro, el mausoleo Dupont llenó sus ojos y vi, a través de la imagen que él captaba, la sorpresa de ver los oros y rojos barrocos de los altares, el mármol de los cuatro grandes sarcófagos, y los nombres inscritos en ellos: Demian Dupont, Adrianne Baros, Pavel Dupont Baros, Sasha Dupont Baros... Estaba en mi refugio, estaba absorto frente a mi eterna cama, leyendo mi nombre casi ahogando el llanto, como si llorara a la mujer amada.


¡Tú no estás muerta!, esto que me haces sentir no puede ocasionarlo una muerta...


Es peor querido, no estoy viva y no estoy muerta. Sólo puedo decir que soy, y lo que soy: una bestia... pero una bestia que te ama, que admira tu pureza y que no quiere mancharla...


¿Mancharme?, si hasta que te vi no había ya ningún punto claro en mi vida, hasta que te encontré nada tenía objetivo, hasta este momento, frente a tu sepulcro, nada era suficiente ángel oscuro... ahora podemos estar juntos, ahora me puedes llevar contigo siempre, ahora quiero ser lo que tú eres, por ti, para ti...
Si hago lo que me pides no podremos estar juntos, debes saberlo, y no concibo ya alejarte Sean, no me pidas que te dé la muerte, acepta mi amor como ofrenda, pero no el beso de la muerte...


***


Yo insistí, ya no me quería separar más de ella, me invadía su tristeza, su sensualidad. Pero ella tenía su decisión tomada, yo sería su amante mortal, mas no en la eternidad.


"Acepta mi amor como ofrenda". Palabras susurradas que llenaron mis sentidos. Su imagen ahí, a trasluz en la puerta del mausoleo; la luna apenas iluminando sus pálidas mejillas y la negrura de sus ojos observándome como nunca nadie me había visto, por dentro, desnudándome intensamente; su brazo izquierdo posado hacia arriba en el marco dejando caer los tules de su ancha manga negra mientras el otro reposaba abandonado dibujando su cintura, sus caderas; la silueta de su cuerpo escapando en la transparencia de su vestido y la luna colándose por sus caminos. Era la imagen muerta de una diosa eterna que despertaba el cuerpo de este pobre mortal ya para siempre envenenado.
Y la música comenzaba a sonar en mi mente, de pronto sus manos abrazando mis caderas desde atrás llevándome a un suave balanceo, subiendo por mis costados, elevándome los brazos. Aliento gélido en mi mejilla, besos helados, roces de colmillos en mi cuello y su cabello enredado con mi cabello, dos sombras negras emulando nuestra entrega. Y sus senos chocando con mi espalda y su pelvis apretada a mis glúteos. Sus manos desabotonando mi camisa bajando hasta mi vientre con caricias casi imperceptibles, desabrochando el pantalón, experto aleteo frío rodeando mi sexo, acariciando, incitando ansias, despertando deseos.


Y, en el fragor del baile, el giro, el deseado primer beso, su lengua fuerte presionando la mía a cada lado. Mis manos cobrando vida bajo su vestido, tocando su piel de alabastro; sus senos reaccionando a mi roce, su aliento robando el mío y su sexo frotando y frotando. Sus ojos posados en los míos mientras la desnudo y el vestido rodando por su cuerpo en dulce caída, explotando de luz blanca el recinto de mi mirada. Ella bajando con besos por mi pecho, por mi abdomen, por mi sexo; engullendo golosa mi puñal enhiesto, jugando con su lengua, succionándome a sus adentros. Jamás fue beso frío causante de tanto fuego. Nuestros cuerpos manteniendo el intenso balanceo, mis venas doliendo de tanto querer explotar y los latidos de mi corazón sonando por los dos.


Luego ella sobre el sepulcro, tumbada ofreciéndome su cuerpo, su muerta alma. Sus senos apuntando desafiantes al cielo, sus uñas negras subiendo de su vientre hacia sus senos y después bajando de nuevo, en una caricia que pretendía enseñarme cómo debían ser las mías. Pero mis manos ya sabían, mi boca ya conocía, mi sexo ya era mi guía; guía que me llevaba a posarme sobre ella, a morderle los pezones, a penetrar su entrepierna con los dedos de la mano izquierda mientras con los de la derecha entraba a las cavidades de su boca y palpaba sus colmillos, duros, afilados; buscando puyarme con uno de ellos para provocar su sed como ella me provocaba a mí con su cuerpo...


Con fuerza sobrenatural me gira y pronto me veo debajo de ella que ya me rodea con sus piernas. Su roja humedad comienza a rodear mi falo y desciende, descendemos los dos al infierno en penumbras de nuestro deseo ciego. Se mueve y la música en mi mente se intensifica, un susurro de su voz canta en mi cerebro "Smell your skin, feel your breath, you on my side, i couldn’t resist"**y sus movimientos apuran la embestida, me siento, la abrazo y la penetro aún más fuerte, beso sus labios comiéndolos, buscando pincharme con sus colmillos, quiero provocar su ansia de sangre, pero ella es hábil para evitarlo y me lleva al desespero, embisto con más fuerza, clavo las uñas en su espalda,; violento me hundo en ella, violento muerdo sus labios, violento voy a su cuello y su piel no se rompe, suave como la seda, dura y fría como el mármol que nos rodea. La miro a los ojos...


Muérdeme Sasha, muérdeme y saca de mí lo que me falta por entregarte, acepto tu ofrenda, acepta mi vida en pago a ella...


***


Sabía lo que él buscaba, pero él no sabía que ya me tenía enloquecida la sed de sangre que intentaba apagar con su cuerpo dentro del mío. Sus formas eran las de un dios, como lo era"Aquél", ese maestro a quien, hasta esa noche, era al único que había amado tanto; ese ser que me abrió las puertas de las penumbras para dejarme sola siete años después "juntos peligramos, cara mía, ya puedes seguir tu camino y yo debo seguir el mío" dijo provocando mi ira, y la bestia que hay en mí succionó hasta su última gota mientras él sonreía y se me iba apagando en suspiros repitiendo "eso, cara mía, méteme todo en ti, mi camino está en tu alma, absórbeme, consúmeme; eso cara mía, te amo, te amaré siempre así, desde tus adentros...te amo, cara mía, te amo..." hasta que las cenizas se desvanecieron en mis brazos.


Y ahora sentía que lo tenía de nuevo entre mis piernas, pero puro, pero blanco. "Aquél"me amaba desde adentro y Sean y yo nos amábamos afuera; y de nuevo me pedía que le absorbiera la vida, apretado a mí, intentando rasgar mis carnes para meterse así, penetrándome fuertemente, con lujuria desatada, colocando su cuello en mi boca desesperada "muérdeme... acepta mi vida...muérdeme", una y otra vez golpeando las palabras en mi cabeza y sus venas latiendo dentro de mí, latiendo en los brazos que me rodeaban, latiendo en su pecho, latiendo en su cuello apretado a mis labios; cada vez con más fuerza, cada vez tentando más. Mis colmillos creciendo en su piel, rasgando, entrando y la sangre, su sangre, explotando en ellos, cayendo en mi boca, caliente, ardiente, bajando por mi garganta, llenando mi ser completo. Y mi alma. Mi placer creciendo y él descubriendo el mítico beso del vampiro que lo hace volar. Explotan imágenes en mi cerebro, su vida, su búsqueda, sus ansias, su soledad... y las mías en el suyo, su sorpresa al verlo a "él" y a sí mismo en ese mismo mármol; mis siglos y sus años corriendo en su sangre y su sexo explotando en mis adentros y mi pecho estallando y enrojeciendo con el alimento de su vitae en mi cuerpo.


Pronto vas desfalleciendo ángel de amor, cayendo entre mis brazos, pronto el brillo de tus ojos se va apagando y tus latidos atenuados van rompiéndome en mil pedazos. Mueres, mueres y ya no puedo evitarlo, estás en mí ahora, como querías, amándome desde adentro, tú y "él", para siempre en mis adentros.


***


Un placer desconocido me consumió entonces, sentí dos fríos filos rompiéndome la carne y miles de imágenes de ella entraron en mi cabeza, mi cuerpo ya no era tal sino simplemente un torrente de goce nunca antes probado, su beso, su último beso, me regaló el mejor de los manjares que ningún mortal haya sentido. Todo lo valía, cada gota por este momento, cada gota por sentir su amor desatado, cada gota por conocer sus soledades, por llenarla de mí. Nunca entrega es más profunda que la entrega de la sangre. Suyo, me hizo eternamente suyo.


Y poco a poco fui cayendo en el silencio, estallé por última vez en sus adentros y mi cuerpo se fue perdiendo en el aire; un cosquilleo en las yemas de mis dedos se fue extendiendo hacia adentro y levemente cada músculo, cada tendón, cada nervio se iba durmiendo; ahora era ella quien soportaba mi cuerpo, cargaba mi peso inerte e iba posando su rostro sobre el mío.


Una lágrima de sangre corría por su mejilla y escapaba en gravedad a mis labios. Luego, sus palabras de despedida "Una lágrima es el regalo y el castigo, una lágrima y luego debemos seguir nuestros caminos. Un día volveremos al sepulcro, pero ese día, Sean, ese día será la verdadera entrega, ese día tendrás de mí todo hasta llegar a mis cenizas..."


Y su lágrima me hizo renacer en esta muerte, apenas con tiempo justo para verla partir y no regresar nunca más a este refugio, donde ahora descanso día a día y la espero noche a noche en el lecho de su hermano, "Aquél" como ella lo llamaba, que ahora soy yo, Pavel dupont baros, descansando en su sepulcro, a la espera de su hermana-amante. Mientras sigue sonando en mi cabeza esa música, gritando en mi cerebro "I’m asking why, i’m asking why, nobody gives an answer, i’m just asking why, but someday we’ll meet again, and i’ll ask you, i’ll ask you why"***



* Pregunto ¿por qué?, pregunto ¿por qué? . Canción "Why" del disco "Le Roi est mort, Vive le Roi!" de Enigma.
** Huelo tu piel, siento tu aliento, tú a mi lado, no puedo resistirme. Canción T.N.T. for the brain del disco "Le Roi est mort, Vive le Roi!" de Enigma.
*** Pregunto ¿por qué? pregunto ¿por qué?, nadie da una respuesta, sólo estoy preguntando ¿por qué?, pero algún día nos encontraremos de nuevo y te preguntaré, te preguntaré ¿por qué?. Canción "Why" del disco "Le Roi est mort, Vive le Roi!" de Enigma.


Para leer las letras completas pueden ir al vínculo:
http://www.enigmamusica.com/letras/e3.htm