Hace una semana tuve una posesión demoníaca de un actor reconocidísimo, bueno, no de ese actor, para hacerlo más tétrico, fue uno de sus personajes más famosos quien salió de la pantalla, como si yo hubiera tenido el ticketcito aquél de la otra película, ¿cómo se llamaba? ¿El último héroe?; bueno eso, el personaje se me ha salido de la pantalla de alguna parte (yo no estaba viendo la película, probablemente algún vecino tenga la culpa, siempre alguien tiene la culpa de estas cosas raras menos uno). El caso es que me levanté con la extraña sensación de que no era yo sino una olla de presión que estaba hasta el tope, esperando una excusa, una simple mosca en el café, una gota de lluvia en mi saco, loquefuera, y "loquefuera" no demora en hacer aparición.Intenté por todos los medios resistirme, pasé el día evitando salir a la calle para no comerme a nadie vivo tipo Hannibal Lecter y no verme en el espejo la cara de Pesadilla en la Calle del Infierno que tenía (porque las uñas ya las llevo gratis, no se crean), no dejé que el agua me cayera en el cuerpo para que no se evaporara, aunque me atreví a hacerlo mediada la tarde y, para mi sorpresa no se evaporó, pero mi rabia tampoco.
Y ya sabemos que mi mente va un paso más adelante de mí ¿no?..
O sea, mientras más intentaba mantenerme en calma, más crecía esa sensación increíble de querer tener una escopeta recortada y salir a cantarle las verdades insuficientes a las personas que se atravesaran en mi camino con cara de grises y la frasesita pintada en la boca de "Feliz navidad"... ¿Feliz navidad? la de quién, la de los niños engañados, que no la mía, llevo muchas navidades, hasta de niña, bañada de realidades crueles ¡Al carajo con la navidad! y que no venga Dickens con su cuentito a mandarme fantasmas, tengo por seguro que puedo fastidiar al más pintado y estoy clarísima en que se les gastaría el tiempo a los fantasmas de las navidades pasadas presentes futuras y las de "perséculaseculorum" se hartarían con mis argumentos antes de siquiera mostrarme cuando la barbie que pedí se la regalaron a mi prima, o la caras de los sobrinos de Omar felices mientras la mía continuaba seria esperando una llamada, o la de mis futuros hijos conflictuados el día que se enterarar que mami y papi no tienen tanta plata como San Nicolás y no le va a traer el verguero de vainas que piden... pienso en los pobres fantasmas y hasta yo me compadezco.
Pero no he llegado a la ¿mejor? (peor) parte del día: la noche.
Pobre noche que tuvo que resistir mi único acompañante, bueno, el segundo, porque durante el día me "bancó" la gata. Llegó el pajarito un poquito más tarde de lo que mi impaciencia y mi arrastrada cobija esperaba y... no hicieron falta rifles recortados, McDonalds que no sirvieran lo que sale en las fotografías, un pobre tonto que me gritara en el tráfico: yo ya era Jason, Freddy (ya lo nombré pero es que es conocido, no me jodan) La muchachita muerta saliendo del pozo (a ésa me parezco más) y algunas más de mi propia cosecha que no voy a develar acá.
Y La Bersuit cantaba de fondo "Se viene el estallido, se viene el estallido" y él lo sabía, y yo lo sabía y mi gata lo sabía... pero gracias al cielo nadie corrió. Se vino el estallido, él recibió los tiros, la gata se salpicó de los vidrios rotos y ninguno de los dos se quejó. Me dejaron, él no respiró, ella no maulló: Mi familia me contuvo, me dejaron drenar mi día de furia, mi rabia, mi dolor, mi impotencia incomprendida. Luego me abrazó él, me amasó la pancita ella y pude levantarme al día siguiente a tomar decisiones importantes, mejorarlo todo lo más que pudiera y pensar en los regalos de quienes merecen querer la navidad y aprovechar que su familia está cerca y todo les perdona. Hasta las ausencias.
A.




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