Humito a tres cuadras de mi casa, en Plaza ItaliaLos argentinos suelen usar una frase que siempre me ha causado mucha gracia: estamos al horno; que viene a significar algo así como estamos jodidos, o estamos fritos, para usar los mismos términos culinarios.
Pero durante casi 15 días esto de que “estamos al horno” ha sido algo más que adecuado, parece una ironía del destino desde que a algún “che” de estos se le ocurrió la genialísima idea de prenderle fuego a un pastizal, luego a otro, luego a otro y luego AHUMAR TODO BUENOS AIRES… y sí, es así, en el mes de la tierra, sin exageraciones típicas de un maracucho o un cordobés, literalmente hemos estado ahumados porque los vientos, preciosísimos ellos, en un hermosísimo complot con los inteligentísimos y bien intencionadísimos incendiarios, jugaron a la cocinita y bañaron a casi toda la Provincia de Buenos Aires (dije Provincia, no ciudad, o sea, un Estado, tómese en cuenta la cantidad de humo) de una maravillosa niebla artificial que de rocío lo que tenía era de vez en cuando alguna cenicita como si de un volcán en plena erupción se tratara y lo tuviéramos no a cientos de kilómetros (como los pastizales) sino ahí, a pata e’mingo.
El detallito es que además de todo la temperatura subió y ha empezado el porteño a ahogarse en su ciudad y, paradójicamente, a encerrarse en su casa para tener “aire fresco”, o sea, literalmente estamos al horno en casa, tapando cuanto hueco haya con algún trapito o periódico o lo que sea, apuntando ventiladores a ventanas y puertas y con el consejo televisivo de “no hacer ejercicios físicos y no salir de casa si no es necesario”, oséase: vegete mijo, vegete bastante y ni siquiera se le ocurra echarse un “polvete” con la pareja, no sea que se nos ahogue y ya los hospitales no están para nebulizarlo por no aguantarse sus hormonas en una emergencia nacional…
Ah, porque, de nuevo sin exageraciones, por lo menos no mías, el humito se convirtió en emergencia nacional, algo catalogado “Alerta Amarilla” porque según al gracioso Eolo le dé por soplar se nos ahúma alguna ciudad diferente; por ejemplo, hoy no estaba ahumada Baires, estaba en la bella nebulosa Rosario, con Fito ahogadito sin poder pegar sus lecos porque el viento se fue pa’llá y ahí fue a parar la gracia de los pirómanos. Eso sin contar que las “rutas” (carreteras) gracias a la “niebla artificial” se convirtieron en una hermosa rampa derechito al cielo o al infierno, según se vea, para el que se le ocurriera manejar por ellas sin ver nada; y es que si le sumamos la forma de manejar del argentino (tema meritorio de otra crónica) a una ceguera total de no ver a más de 5 metros y una alergia bonita de algún camionero hemos tenido como resultado cuatropotocientos choques múltiples, camiones ensartados unos en los otros, carritos hechos nada debajo de algún container y varios pibes menos en las estadísticas de vivos. Así que ¡cerremos carreteras! Y todo el mundo trancao pa´dentro y pa’fuera.
Hoy que ya supuestamente se apagaron los doscientos y pico de focos de fuego en los pastizales todo el mundo salió corriendo para la calle como si de la llegada del Ferri se tratara y bueno, ni modo, nos tocaba ver calle que ya el techito de casa y sin sexo era como mucho con demasiado. Pero nadie respire tranquilo que parece que Eolito tiene ganas de joder para este lado otra vez y mientras alérgicos y asmáticos aguántensela porque ¿qué le vamos a hacer? Por lo menos hasta el miércoles ¡Estamos al horno!
A.
Carreteras hacia Baires




