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domingo, 9 de diciembre de 2007

... Huele a sexo ...


Se encuentran en el pasillo, tropiezan. Ella lo mira, se embarga de su estampa. Él la observa, explota la imagen de su cuerpo en la mirada.


... huele a sexo...


Eje de miradas marcando el centro y ellos girando en opuesta dirección. Toro y matador, banderillas en mano. Observándose, midiéndose.


... huele a sexo...


Los contrincantes se tocan, electricidad en las yemas, atracción instantánea. Círculo ahora punto, y ellos, se besan.


... huele a sexo...


Cornadas de lenguas, espadas las manos clavadas en espaldas sedientas. Ataque fulminante, entrepiernas despiertas.


... huele a sexo...


Punto ahora línea estampada en pared, sus cuerpos se aprietan. Manos mojándose en femenino jugo; dureza palpitante en los roces de ella.


... huele a sexo...


Se abren los espacios, él en sus adentros. Pieles fundidas, húmedos roces, se parten distancias. Embisten sedientos, el tiempo se rompe.


... huele a sexo...


Estallan las lenguas, estallan los sexos. Tiembla el espacio, se derrama el tiempo. Ella es su estampa, él es su deseo.


... huele a sexo...


Regresa la imagen, el punto, el círculo, el eje y el pasillo. Ella en él, él en ella, se llevan el momento, se abre la distancia, se miran las espaldas y caminan.


... y en el ambiente dejan el aroma, el olor del último instante y huele, huele a sexo...

La Sombra

Todo está en penumbras. En el fondo de tu habitación cobra vida una sombra que sale desde un rincón y se acerca lentamente... la sombra te observa, vela tu sueño por unos instantes, impaciente.

Acerca la silueta oscura que se dibuja de su nariz y te respira, roba tu aliento; súcubo succionando la forma que de tu alma exhalas en tu tranquilo sueño; seguro, abandonado e indefenso.


La sombra roza con su oscura mano tus mejillas; sientes la caricia, suave, tibia. Quieres abrir los ojos, pero velozmente otra mano vela tu intento, conminándote a sentir sin ver su fantástico cuerpo convertido en deseo negro.


La sombra te susurra, "Estoy aquí, finalmente a la vera de tu lecho" y te abandonas a sus palabras, porque la conoces, porque la esperabas en las penumbras de tus infinitas madrugadas.
Su etéreo ser se posa sobre ti y escuchas, lejano, su suspiro anhelante, como eco de las sensaciones mil veces evocadas; suspiras también al sentir sus caricias en tu pecho, mariposas negras revoloteando en tus pectorales, entusiasmadas.


Las mariposas descienden y se convierten en garfios que te van desnudando. La sombra te observa, "Que hermoso eres", repite en cantinela. Palpa con sus dedos tus piernas, casi no puedes sentirlo y pronto llega la manga de su capa negra, donde le ha indicado el deseo.
Posee firme tu sexo, palanca que hala su boca sedienta hacia ti, y sientes su saliva, su lengua, su cálido aliento, abarcarte entero desde tu centro. Dueña de ti es la sombra ahora, lamiendo y chupando, te tiene a merced de sus labios.


Quieres moverte pero la incorpórea ama no te lo permite, "Déjame a mí, simplemente déjame a mí", repite suave pero firmemente, y sube en ti abrazándote con sus piernas. Sientes finalmente su beso y tus ansias responden con tu lengua dentro de ella.


Finalmente sientes su sexo, dejándose abrir en herida por tu hoja afilada; desciende lento, húmedo, caliente, palpitante y vivo, vivo en ti; hecho ser palpable sólo por tu ilusión anhelada.
Prominente la abarcas completa y te hierven las venas de sentirla así, poseída y también esclava; sombra siempre esquiva que ahora te entrega, dentro de su entrepierna, su última morada.


Un susurro escuchas, bajito en tu oreja,"Hazlo, termina de invadir mi cuerpo como ya me invades el alma" y entiendes clara su orden convertida en ruego, mientras sus movimientos aceleran su cabalgata, persuadiendo tu control a punta de deseos que se impulsan en escalada.
Estallas en ella y lágrimas derramadas se yerguen en promesa. La voz oscura jadea un quejido amargo y una risa satisfecha y, luego de besarte con ansias de hambres continuas, repite por lo bajo y quebrada "Estoy aquí, siempre aquí, nunca ceses en tu espera".

martes, 6 de noviembre de 2007

Quiero dormir contigo

Quiero dormir contigo, tenderme a tu lado y saberte viva debajo de esa piel de alabastro; sentir la tibieza de tu seno palpitando pegado en mi rostro, sonreír al subir y bajar con ritmo de tu respiración pausada, firme, fuerte; arroparme nada más de tus brazos y saberme por ti vigilada.

Quiero dormir contigo y robarle el puesto a cualquier compañero de tu mente y de tu cama, convertirme en tu único centro, en la razón de tu vigilia, en el motivo de la sonrisa tras tus silencios, en la protagonista del mejor momento, en la conocedora de tu más cruda intimidad.

Quiero dormir contigo y luchar con tus piernas para enredarme, que me acaricies con tus pies, que me limpies la piel con las uñas, que me roces con tu cabello la sien; sentirte completita y para siempre guardarte en mi espacio interno, aterrizar en tu regazo y acariciarte yo también; ser una como antes, ser una otra vez.

Quiero dormir en ti como treinta años atrás, palpitando semilla en tu vientre, protegida de la humanidad, pegada de ti en tus adentros y nunca nunca más extrañar tu somnoliento y dulce respirar; quiero dormir en ti y ver la libertad de tu cara severa suavizada por ese sueño que no me contarás jamás y despertar la sonrisa mañanera que me alegraba días atrás…

Quiero dormir contigo, vuelo a tu lado y lo sueño, madre voy a dormir contigo, espérame, ya nos llega el tiempo.

martes, 12 de junio de 2007

Podría...

Podría llenar de tópicos el dolor que siento, podría cantar como aeda antigua a alguna musa para que me ayudara a repetir que “haré los versos más tristes esta noche” y jugar con los tiempos que mi memoria mal pueden evocar...

Podría sentarme y describirte cómo tras mi ventana sueño con libertades falsas, con futuros que no existen, con estúpidas quimeras mientras inhalo el humo de un cigarrillo mil veces triste y me doy cuenta de que, como su humo, tu alma se me escapa...

Podría intoxicarme de alcohol para hacer de esta realidad una mentira momentánea y olvidar que mi cuerpo le pasa factura a mis locuras y pensar que tal vez sí penetraste mi entrepierna y con ello mis límites...

Podría traerle a las líneas la imagen de una luna que mengua y no pensar que es una irónica imagen que el destino me deja en un negro cielo límpido y frío y que son tus manos y no las mías las que me dan calores y espasmos cuando no te tengo...

Podría pensar en ortografías y puntuaciones perfectas para de nuevo recorrer tu piel y que recorras la mía, no ahogarme en la excelencia de las ilusiones siempre insuficientes que pinto, a pesar de mí, en mi mente, y sentirte poseyendo lo que siempre fue tuyo y pensarme tomando un poco de lo que mío nunca será...

Podría no intentar buscarte en rincones desconocidos de mi cuerpo y darme cuenta de que la luna no mengua por mí, que está llena y en todo su esplendor, como una vez estuvieron tus palabras y tus gemidos alojados en mi cuerpo; que sólo menguo yo, que sólo menguas tú y que me niego, me niego...

Podría, pero no puedo... podría pero no quiero...


7 de octubre de 2005.