
ESOS LOCOS BAJITOS
(J.M. Serrat)
A menudo los hijos se nos parecen,
así nos dan la primera satisfacción;
esos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, hay que domesticar.
Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace, que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada y en cada canción.
Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace, que eso no se toca.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace, que eso no se toca.
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós.
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Un día mi mamá, tan hermosa como solamente ella puede serlo, me sentó a su lado en la sala de nuestra casa y me presentó a Joan Manuel Serrat... yo era muy chiquitita para recordar cuándo fue exactamente ése primer día, pero sí puedo recordar que yo bailaba con un maniquí "De Cartón Piedra" sin saber lo terrible de su historia, que subía la cuesta de una "Fiesta" protestaria, que me daba risa pensar en el techo sin pintar de "No hago otra cosa que pensar en ti", que tarareaba en catalán "Sería Fantastic..." y que de repente, cuando nos sonaban "Esos locos bajitos" una inusitada ternura invadía la mirada de mi madre, siempre severa, y me veía como un ángel que comprende su destino cantándome dulce, siempre, cada estrofa de la canción. Mientras yo crecía me reía menos con el atrevimiento de Serrat al decir "deja ya de joder con la pelota" y veía como mi mami a veces volteaba la mirada para seguir cantándola sin verme mucho.
Un día, sola, ya casada, me sonó como quien no quiere esa melodía por mí tan conocida pero tan poco entendida y fue la primera vez que la lloré. Mi mamá había elegido decirme adiós antes de que se lo dijera yo cuando dí el sí en un altar y yo era su loca bajita, era, porque cuando lo entendí ya me había convertido en esa adulta que tanto temía ella que llegara y al mismo tiempo tanto deseaba. No entendía yo aún esa dicotomía, querer que sea pero al mismo tiempo no querer; de tanto amar y temer, retirarse y no oir más a Serrat, por lo menos no en mi presencia.
Luego se me ocurrió la idea de volar del nido, pero no volar a unas cuadras más allá, a otro arbolito del bosque, no; se me ocurrió volar de verdad, montada en un hierro al que odiaba hacia un destino que ella supo y quiso siempre pero yo tardé demasiado en aceptar. Y hubo un día en que me llamó mi papá por teléfono y me dijo "mira lo que los primos de tu mami están cantando para ustedes dos" (son músicos) y pone el teléfono en lo que yo imagino el medio de la rueda de músicos y escucho sus voces entonando "Esos locos bajitos" y su énfasis en "niño, deja ya de joder con la pelota...." y el énfasis de alguno que tomó el teléfono, se lo puso en la boca y determinó "... que un día nos digan ADIÓS..." y comprendí apenas aún la mitad de lo que dolía.
Hace unos meses tuve el privilegio de ver a Serrat cantarla, de llorarlo en vivo y directo, de llamar a mi mamá y decirle "mami oye conmigo" y llorar y sentirla llorar del otro lado por lo hermoso que tenemos ella y yo, por lo perfecto que nos describe Serrat, porque no hay dolor más genuino que el de una madre y comprendí que no hay regalo más hermoso que su sacrificio al dejarnos volar desde el mismo momento que salimos de su vientre.
Pero hoy, ahora, que aún mi vientre no se abulta, que aún mi otro ángel no tiene alas y está atado a mí, entiendo todo, entiendo más, y lloro y río y me veo en los ojos de mi mami cuando chiquitita me dijo "ven, oye esto" y veo en el espejo su expresión de ternura y de rabia y de amor y de satisfaccion y de orgullo... porque hoy me despedí de ser su loca bajita para empezar a convertirme en la que domestica... porque hoy me despedí de ser simplemente hija y como madre simplemente no hago otra cosa que cantarle a mi bebé a un Serrat que me describe la vida con el deseo eterno de que él me ame tanto como yo a mi madre y de que vuele, siempre vuele aunque me duela como a ella.
A.




4 comentarios:
Vaya que hay cosas que sólo una madre puede expresar. Los padres hombres somos como que más... ¿Qué? ¿Duros, fríos, incapaces de tanta ternura expresada de la manera que sea? Puede ser. Hablo desde mi lugar de padre y algo de eso hay. Suerte que mi hijo, como el tuyo, como nosotros mismos, tenemos una madre que siente, expresa y regala ese cariño que los padres hombres a veces no saben cómo.
Maravilloso tu texto.
Joder, tú que me comentas esto, el teléfono que me avisa, yo que no puedo con mi curiosidad y vengo, y te leo y me pregunto ¿qué habré dicho que lo enterneció así? y que me leo y que.... joder no puedo ni escuchar esa canción y ahora me doy cuenta de que tampoco leerme sin llorar... (y viene visita! jejeje)
Gracias por sentirlo, hace mucho tiempo sueño con que alguien pudiera sentir mis palabras tan escondiditas aquí. Es hermoso ser leido desde el corazón.
Besos,
A.
Pues si escribes desde el corazón, eso es lo que sucede. :)
Ríos de lágrimas dejo en este teclado... tan grande y tan chiquita que eres.
"Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio. (...)
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor".
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