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jueves, 4 de septiembre de 2008

El mundo desde afuera o Diario de una extraterrestre X. Frases de mi vida


Hoy por hoy cada palabra que marcó destino en mi pasado parece estar pasando como si estar a punto de alumbrar una vida fuera la misma ocasión de estar a punto de perder la propia, con aquella fantasía de que la vida pasa como una especie de tráiler de película donde se resalta y se ve, en mínimas fracciones de segundo, lo más resaltante de la misma (lo cual no quiere decir que sea lo mejor, igual que en los tráilers)

Lo que nunca entiendo es por qué es mucho más difícil ponerlo en palabras (escritas u orales) si es tan sencillo repasarlo por la mente… retenerlo debería ser la clave.

Por ejemplo, retengo algo dicho por mi padre en vez de lo dicho por mí en su momento, algo como “yo elegí mi tranquilidad económica por encima de mi felicidad ‘emocional’” lo pongo entre comillas si bien sé que la cita no es exacta pero bué, es bien ilustrativa de todas formas; ilustrativa por lo que hoy entiendo yo de eso, es como verme a mí misma eligiendo justamente lo contrario, entre la gris tranquilidad de la estabilidad, no solamente económica, y el sobresalto de la vida en la que hay que rebuscarse esa misma tranquilidad, ya dicho, no solamente económica. Y me imagino como él, igualmente de arrepentida en algunos momentos igualmente de satisfecha e hilarante en otros… pidiendo perdón a cualquier convencionalismo, a mis padres soñándome eligiendo como él y a mi hijo que se sentirá con derecho a sobresaltarme tanto como lo hice yo alguna vez. Pero a fin de cuentas, me sobresaltará igual, así que por lo menos sea por una elección propia.

Otra frase que me ronda en la cabeza siempre, tampoco mía sino de mi psiquiatra, es ésa de “no te estudies tanto” o la de otro psiquiatra anterior “no pienses tanto, no paras de pensar ni en sueños”, que graciosamente hoy se ha convertido en un “te veo mucho mejor, pero MUCHO mejor, estás más reflexiva” y con media risa yo pensando “¿cómo se come eso? ¿cuándo dejo de ser obsesivamente estudiosa de mí misma y empiezo a ser correctamente reflexiva?” todo esto contentísima de haber descubierto un pedacito de intimidad de mi médico (por estudiarlo a él, otro avance) y es su equipo de pasiones… como un trofeo andante de mí misma salgo yo de la consulta y me pregunto si esto significará que de verdad mi función en la vida era levantar cabeza por mi hijo nunca soñado y resultaba que la mejor pastillita para mi “galleta mental” (otra frase no mía) era un aliencito nueve meses debajo del estómago que hasta me curara bacterias indestructibles inquilinas de mis líos existenciales.

Y hay más, ya no lloro así de fácil con esas canciones que me evocan dolores, flagelaciones, melancolías o simples nostalgias. Lloro porque se me da la gana así escuche Don’t worry, be happy porque qué rico es llorar y punto, por supuesto, esto no puede suceder sin recordar otra frasecita: “llore mija, que eso es bueno” de mi madre (aunque intuyo que no es la verdadera autora de la frasecita pero siendo algo así como apócrifa se la doy a ella que la usa muy bien) y me lanzo como una especie de paracaidista feliz por el abismo de las lágrimas, sin colchoneta que me espere o paracaídas que me frene, total, es tan rico darse cuenta de que uno puede efectivamente volar aunque sólo sea sobre los abismos propios, pero coño, volar no es poca cosa para alguien acostumbrado a oír que los mamíferos no volamos a menos que nos consideremos unos tiernos y horrorosos murciélagos.

“Hasta el próximo latido” es otra frase de ésas hipermegaoriginales, romantiquísimas y levantasuspiros que marcó mi vida. Una frase que me identificaba como parte de algo, de una pareja que, al parecer, dejaba de latir hasta el momento que se volvía a escuchar la voz del otro o no sé, interpretar frases románticas y llenas de amor es algo así como un asesinato a la creatividad poética de un momento de excitación (sexual o sentimental) de los amantes y yo, asesina aún no soy. Lo que sucede es que hoy ese “próximo latido” se ha convertido en algo tan pero tan sublime, tan más romántico e incluso tan más cursi, que resulta que la frase, tampoco mía, aclaro, sino de él, mi ¿mi qué? (es que si digo mi todo tendré que declarar el párrafo fuera de contexto, de orden, de elocuencia narrativa y todo eso) mi Omar, digamos (así le doy sentido de propiedad a la cosa y rebajo la cursilería que estoy a punto de decir). Decía que esa frase hoy es tan especial, tan perfecta, tan visionaria porque me resultó que la promesa de “hasta el próximo latido” no era ésa de “hasta luego, cuando hablemos más tarde” sino era ésta, la de que el próximo latido está ahora batiendo a mil por hora dentro de mi barriga y sin pausa… que el próximo latido era el de mi hijo y sí, era ése el próximo paso porque, cuando uno está convencido de haber encontrado lo que NADIE encuentra (sí, forma parte del ser humano creer eso ¿y? soy muy humana) o sea, el otro yo de mil vidas, el ser que era el mío, el ser al que le escribía mis más exaltadas palabras de anhelo; en fin, cuando uno sabe que ha encontrado eso lo próximo ¿qué puede ser sino ése siguiente latido?

También está esa otra de “dame otra oportunidad, no volveré a mentir jamás” (creo que me auto-ofendería si se me ocurre aclarar que obviamente no es mía, no porque no haya mentido nunca sino porque he tenido el tino de por lo menos no ser descubierta). La importancia de esa frase está en que me dejó la increíble e impagable lucidez de que la mentira más grande es que nunca más se va a mentir y que las probabilidades de que tu amor, tus padres, tus familiares y los mal llamados “amigos del alma” (pueden hasta haber amigos buenos pero nadie se hace amigo del alma de nadie, principalmente porque no la conoce y el ser humano desconfía naturalmente de lo que no conoce) SIEMPRE tendrán algo para mentirte, porque si hay un talento NATO y ATÁVICO en el ser humano es el de no decir la verdad. Llegar a tal lucidez me despojó de tantas expectativas que si no me miente alguien en algún momento, aunque sea un poquito, ya siento que estoy en la dimensión desconocida, con escorpioncito y todo, y que definitivamente algo no está bien. Sin contar aquello de haber cesado (POR FIN) de buscar la “amistad absoluta” que es más difícil de encontrar que el oído absoluto del sordito de Beethoven para el piano, con toda la absoluta falta de respeto que explota de esa frase y con la impunidad de que, además, no me importa.

Sin contar esa otra “si tuviera ruedas fuera bicicleta” de la sabiduría popular apócrifa que esta vez le adjudico a mi abuela materna… esa frase me ha dado la felicidad de cortarle los condicionales trágicos, dramáticos, tragicómicos o simplemente estúpidos a las personas que me quieran endilgar un cuento, de por sí intragable con un “y si hubiera pasado tal cosa ¿te imaginas?”, mi aplastante, lacónico, desgraciado y sádico “Bueno, mi abuela decía, si tuviera ruedas fuera bicicleta” les da automáticamente una idea exacta y sin explicaciones varias de que si ya la historia que me están contando me resulta pesada o fastidiosa o ya, simplemente caducó, no pretendo darle vueltas y hasta consigue, a veces, el efecto mágico de que la persona o a) se sienta mejor, o lo mejor: b) cambie de tema. ¡Ay abuela, todo lo que me dejaste entre esa frase y el cepillazo!

Yendo muuucho más atrás en mi vida, más exactamente al principio de la misma (por lo menos en este mundo conocido) está la antológica “Doctor pero ¿es normal?” que mi padre pronunciara cuando el médico me mostró ante él recién salida de la barriguita cómoda de la que, dicho sea de paso, no quería salir… lo peor fue la del doctor “gafo – o tonto, o pendejo, alguna de ésas – es un mujerón” y pobre, mi papi se lo creyó completico, que esta cosita de 1.57 de estatura es un mujerón y que para colmo nació normal. Nada más lejos de la realidad pero sospecho que de alguna forma él ya lo intuye (porque saberlo, como buen padre, con certeza científica necesaria, JAMÁS)

Una más académica “Frase y oración no son lo mismo pero una frase puede ser una oración y viceversa depende de su sentido completo de un pensamiento” WHAT???? Luego preguntan por qué el inglés es el idioma universal, la respuesta es fácil: no se enrollan con tanta pendejada y no me complican la titulación de mi inútil pero mi muy íntima reflexión sobre las frases de mi vida.

Y así va mi cabeza, de frase en frase, no todas ajenas como las expuestas, pero para mi suerte o mi desgracia son ésas las que más recuerdo ahora, en este momento tan exaltado, álgido, particular, hermoso, terrible, aterrador etc etc de mi vida… seguramente la frase que pronuncie cuando vea nacer a mi bebé sea la que responda al porqué he estado recordando las antes mencionadas, mientras tanto me deleito en esa especie de tráiler que mencionaba al principio, que son realmente varios, y van entreteniendo mi cabeza durante estos meses con o sin cotufas y muchas patadas internas.
A.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me has hecho reír con tus ocurrencias. Y cuánta verdad en tus letras. Debo remarcar que me detuve en eso de "Doctor, es normal?" Jajajaj, claro, si ninguno de nosotros lo es!
Maravilloso Castillo el que has construido aquí, sí señor. Ya quisiera yo tener tanto talento.
Besos. JK